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Canadá: mi primera experiencia de voluntariado

Decidí hacer las cosas de forma diferente por primera vez en mi vida y me fui de viaje como voluntaria

Worldpackers_Canada

Hace seis meses, gracias a los maravillosos blogs que estuve leyendo, descubrí muchos sitios con recomendaciones y consejos para viajar de forma diferente y disfrutar mucho más de la experiencia. Es decir, estancias más largas, diferentes tipos de viaje e ideas para llevar a cabo tus proyectos personales. Todo lo contrario a unas “típicas vacaciones”.

Después de leer todos los artículos, decidí hacer las cosas de forma diferente y arriesgarme a viajar como voluntaria. Me uní a la comunidad de Worldpackers y apliqué a muchas posiciones en diferentes lugares alrededor del mundo.

La espera fue larga, envié y recibí muchos mensajes y tuve que organizarme muy bien hasta que lo conseguí: ¡ya estaba preparada para esta nueva aventura!

Mi destino: Montreal. Me iba a trabajar tres meses en un hostal. En invierno. Me habían contado que llegan hasta los -30º Celcius, (Soy mexicana, ¡NO TENEMOS NI IDEA DE LO QUE ES ESTAR A -30ºC!) pero, ¡nada ni nadie pudo detenerme porque me habían aceptado como voluntaria!

Y bueno…

El colchón de mi cama estaba más duro que una tabla.
Tenía que repartir pancakes con una gran sonrisa. Todas las mañanas. A las 8h: ¡HOLA! ¿QUÉ TAL? TENEMOS MERMELADA DE TODOS LOS SABORES, YOGURT, NARANJAS, PANCAKES Y EN ESA MESA HAY CAFÉ. EN AQUELLA HAY TÉ Y ZUMO. CUANDO ACABES DE COMER TIENES QUE LAVAR Y SECAR LOS PLATOS.

Esto era lo que tenía que decir TODAS las mañanas a todas y cada una de las personas medio dormidas que venían a por su ración de energía para empezar bien el día.

Éramos 11 voluntarios en el hostel, todos con las mismas condiciones pero con roles diferentes. Todos de diferentes edades y nacionalidades.

El primer día no me convenció mucho la idea de tener que ser la persona más simpática, abierta y amigable del mundo, aunque me sentí muy bien cuando conocí a todas las personas con las que iba a desayunar todos los días y con los que iba a cenar todos los domingos durante tres meses (beneficios exclusivos del Gite Hostel).

Me encantó la idea de compartir habitación con una chica que estaba de voluntaria. Los otros nueve voluntarios (todos chicos), vivían en una casa de los dueños del hostal, era una tienda que solo abrían durante el verano. Tenían toda la casa para ellos y a nosotras nos gustaba ir y quedarnos ahí cuando no teníamos nada que hacer.

Gracias a mis jefes, Coumba (senegalesa) y Carl (quebequés), aprendí la definición exacta de pulcritud y disciplina, algo que no tenía muy claro por aquel entonces, (algo que agradecerán mucho mi madre y mis futuros jefes).

La vida tal y como la conocía, cambió completamente, todo estaba patas arriba…
¡El primer día me encontré con una amiga que no veía desde hace 12 años!

Por suerte y sigo sin saber el porqué, dejamos de hablarnos pero después de esta experiencia se ha ganado un lugar en mi corazón y es como de la familia.

Creo que llegados a este punto, no te importará que te cuente algunas reflexiones personales…

Había momentos en los que me sentía un poco sola. Durante el día trabajaba, salía con mis amigos y hablaba con mi familia...en mi tiempo libre intentaba encontrar las respuestas a muchas preguntas: “¿quién eres? ¿de qué forma cambiará tu vida después de todas las cosas nuevas que estás viviendo? ¿Trabajas? ?¿Sales de fiesta? ¿Quedas con tus amigos? ¿Lees lo suficiente?”...Piénsalo un momento: ciudad nueva, vida nueva.

Te dices a ti misma...bien…¿y ahora qué? Y justo en ese momento es cuando aparecen tus amigos ¡y que empiece la fiesta!

Esta foto es de una una cafetería a la que solía ir con otros voluntarios a merendar. Lo del café y el postre siempre duraba unas dos horas, después, cada quien para su casa o donde sea que tuvieran que ir. Todo estaba cubierto de nieve; recuerdo el olor a café y a comida que inundaba las calles.

Mi guapísima compañera española era la perfecta definición de “hogar”. Estábamos muy unidas a pesar de que tenía siete años más que yo. Nuestra habitación fue desde el principio nuestra guarida y cada una respetaba su espacio. Ella siempre estaba o enfadada o cansada, pero encontré la forma de hacer que se sintiera feliz, (al igual que ella conmigo), así que entre nosotras siempre reinó la paz. Hicimos muchísimas cosas increíbles juntas, en parte gracias a ella porque es muy creativa (es artista, bailarina y una gran amante del té) y ha viajado muchísimo. El olor de su incienso favorito en la habitación siempre me hacía sentir como en casa.

Cada vez que huelo esa misma fragancia en cualquier lugar (me regaló una cajita de incienso), me siento como en casa, como cuando escuchas una canción y te transporta a un lugar específico. Me pasa lo mismo con la música que escuchábamos cuando estábamos trabajando o los ruidos que hacíamos al reírnos al hablar de nuestras cosas.

Mi vida cambió de forma drástica en los primeros dos meses. Para que te hagas una idea, todo lo anterior es solo un resumen de los mejores momentos que viví durante mi primera experiencia de voluntariado, miles de recuerdos inolvidables que me acompañarán dondequiera que vaya.

Una historia de nuestra worldpacker Mariana Perez
Originalmente publicado en mi blog personal.


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