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El camino a Granada - y a mí misma

Worldpackers_Granada

Una chica de casi 20 años que nunca supo exactamente qué hacer con su vida. Con miedo de terminar la universidad y acabar atrapada en un trabajo que la haría completamente infeliz. Con un enorme deseo de conquistar el mundo, pero sin saber cómo hacerlo. Podría ser el típico personaje de una novela adolescente, pero así era como me sentía exactamente antes de decidir que era la hora de la aventura.

Mi nombre es Ana y había pensado en ser ingeniera, economista, arquitecta...pero acabé estudiando periodismo. El motivo por el cual opté por esta carrera no fue porque me imaginaba como la mejor periodista de una redacción o porque quería ser la primera persona en dar una noticia de última hora en la TV. La verdad sea dicha, tomé esa decisión simplemente porque me pareció la más razonable, porque siempre he amado escribir, conversar y descubrir. Eso es todo.

Pero, a medida que pasaba el tiempo, esas pasiones fueron engullidas por la rutina de trabajo/estudio, haciendo que me cuestionara no solo mis gustos sino también a mí misma. Entonces, me volví insegura en cuanto a muchas cosas, pero había una sola cosa que tenía muy clara: no conseguiría encontrar ninguna respuesta a mis preguntas en casa. Y como un regalo del destino, cuando estaba con todas esas dudas, apareció un post de Facebook con la siguiente pregunta: “¿Quieres irte, así a lo loco?”. ¿Mi respuesta? Sí. Y así fue exactamente como conocí Worldpackers.

Cuando entré a la página, fue amor a primera vista. La idea de viajar con poco dinero en el momento en el que quería huir de todo, parecía perfecta. Después de registrarme, siempre que tenía un descanso en el trabajo, me ponía a buscar lugares para irme como worldpacker. Primero comencé a hablar con anfitriones de Latinoamérica, sin saber exactamente lo que estaba haciendo o si iba a conseguirlo. Le conté a mis amigos sobre mi descubrimiento y sus miradas fueron como bipolares, como de alguien que piensa que la idea es increíblemente buena, pero imposible. A pesar de todo, estaba segura de que quería irme. Tenía que irme.

Y sorprendentemente, en una de mis búsquedas, encontré un hostal que parecía lo opuesto a lo que estaba haciendo con mi vida. Tenía hamacas, una casa en el árbol y una habitación para relajarse. Era tranquilo y en ese momento yo andaba siempre agitada, tenía una conexión con la naturaleza, la cual había olvidado porque estaba perdida en la ciudad y parecía todo tan real, justo cuando sentía que mi vida se había vuelto superficial. Estaba localizado en una ciudad de España, de la que por desgracia nunca había oído hablar: Granada. Busqué en Google y encontré montañas, vistas espectaculares y lugares históricos. La gente siempre me pregunta cómo escogí mi destino. Me gusta pensar que yo no lo escogí y que mi viaje empezó cuando dejé que Granada me escogiese a mí.

Nunca pensé en no ir, pero está claro que tenía miedo. Era una chiquilla de 19 años que solo había viajado sola una vez para encontrarse con su ex. ¿Qué iba a hacer yo por ahí? ¿Cómo sería la experiencia? ¿A quién iba a conocer? Todas las preguntas imaginables se me pasaron por la cabeza y también me las hacía todo el mundo. Incluso me llegué a preguntar si estaba haciendo “lo correcto”. En ese momento recibí un email de “Allan de Worldpackers” preguntándome si todo iba bien con mi viaje y diciéndome que era mi Travel Buddy, la persona que estaría ahí para ayudarme con mi viaje. Entonces, hice una lista de preguntas y se las envié. Él me ayudó con mi seguro de viaje y a encontrar el vuelo más barato. Pero, sobre todo, me ayudó a sentirme segura, porque tenía a alguien para ayudarme en ese lugar que no conocía muy bien y que sería mi casa temporal durante unos meses. Y esa es una de las mejores cosas que me ha dado Worldpackers: me ayudó a reunir el coraje necesario para escribir mi propia historia.

Así que me fui. Y sobre eso podría escribir sin parar. Porque en menos de dos meses, sentí que había vivido años. Conocí Granada, la vida del hostal y la forma de compartir excesiva. Descubrí un nuevo país, un nuevo estilo de vida, nueva comida, música, bebidas, palabras...Viví con gente de Argentina, Australia, Inglaterra y Estados Unidos. Hice amigos de la India, Colombia, Francia y México. Tuve pequeñas historias de amor y relaciones muy divertidas que llevaré conmigo para siempre. Cogí un autobús, 9 horas de viaje para ir a las ciudades de las que siempre había oído hablar, pero nunca había pensado visitar. Hicimos paradas de medianoche en medio de las calles españolas que me hicieron preguntarme lo que estaba haciendo ahí. Y ahora tengo la respuesta: estaba viviendo. Viviendo en el aspecto más sincero de la palabra. Escribiendo, conversando y descubriendo. Destruyendo las barreras que yo misma había creado y entendiendo que yo podía ser lo que quisiera y que las preferencias que pensaba que eran sobre periodismo, eran en realidad, sobre la vida.

Al volver a Brasil después de aquella experiencia mágica, comencé a ser mucho más crítica sobre lo que estaba haciendo con mi vida. Pero tardé casi un año en recuperar mi versión más loca y pedir la dimisión en el trabajo. Mi plan era volver a ser quien era en España y de nuevo, sentí que no podría hacerlo si me quedaba en el mismo lugar. Pensé en volver a coger la mochila y emprender mi camino y finalmente decidí hacer un viaje a otro país de Latinoamérica - que había sido mi idea antes de irme a España. Comencé a buscar en Worldpackers una vez más, pero algo me encontró antes de que pudiese elegir destino. Esta vez me escogió Worldpackers. Y aquel trabajo de “Travel Buddy”, que pensaba que era fantástico y que tanto me ayudó, ahora es mío. Simple y sencillamente: amo ser la persona que estará ahí para ayudar a viajeros apasionados a que se conviertan en worldpackers...y en lo que quieran ser.

Por la worldpacker Anna Mota



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