Un intercambio cultural en Croacia curó mi egocentrismo

Mi relato sobre cómo un intercambio cultural en la Isla Hvar de Croacia derrumbó mi egocentrismo y sembró temas importantes para reflexionar.


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Celeste

Mar 19, 2020

Hola Viajeros! Mi nombre es Celeste, argentina de nacimiento y ciudadana del mundo por elección. Soy una convencida de que viajar nos vuelve más to...

intercambio croacia

Reflexiona sobre tu próximo intercambio cultural

Este es un relato sobre mi intercambio cultural en Croacia. Una experiencia de voluntariado que derrumbó parte de ese egocentrismo que vive dentro de nosotros y me sembró temas importantes para reflexionar.

Vivimos momentos en donde el viaje que hay que hacer es hacia nuestro interior

Usemos este tiempo de cuarentena por el coronavirus para reflexionar sobre nosotros como individuos y como especie.

¿Cuál será nuestro propósito al pisar nuevos horizontes? ¿Qué habremos aprendido cuando esta cuarentena y crisis pasen? Porque pasarán.

¿Adónde iremos? Y más importante aún: ¿Qué queremos intercambiar con las otras culturas?

Croacia, ¡Allá voy!

El verano europeo prometía días a puro sol y calor, y yo contaba con dos ventajas: viajar libre y sólo con ticket de ida. Eso me daba la libertad necesaria para poder decidir a dónde quería pasar esos días.

Me puse manos a la obra, entré a la web de Worldpackers, y comencé a postularme para todos los intercambios culturales que se encontrasen cerca de alguna playa.

Unos días después de haberme postulado, recibí ese mensaje tan esperado: me habían aceptado en un voluntariado en Croacia, en la isla de Hvar. El intercambio consistía en ayudar con las tareas en un hostal a cambio de hospedaje y desayuno.


intercambio cultural en inglés

La propuesta me cerraba por todos lados: un intercambio cultural en inglés, playa y desayuno.

Vanesa, la anfitriona y dueña del hostal quiso tener una charla vía skype, lo cual me pareció bien, ya que se generó un primer contacto antes de emprender el viaje. También hablamos de las condiciones, las tareas y nos pusimos de acuerdo con el día de llegada.

Ahora sí…Croacia, ¡Allá voy!

Yo jamás podría haber pagado una estadía en esta isla

Llegué a Split en avión, y del aeropuerto al puerto sin escalas para tomar el ferry.

Al bajarme del ferry lo primero que pensé, además de quedarme alucinando con el color del agua, fue que jamás podría haber pagado una estadía de 45 días en esa isla.


isla paradisiaca en mi voluntariado internacional

Pero los lujosos yates y la gente tomando champagne, no iban a obnubilarme. Sabía que Croacia tenía mucho para ofrecerme, y yo estaba dispuesta a descubrirlo.

¡Cafecito mañanero con vista al Mar Adriático!

Llegué por fin al hostal y, una vez acomodada en mi habitación, me enseñaron las tareas que me tocaban. Las tareas básicamente consistían en mantener limpios los lugares comunes.

El trabajo se realizaría por la mañana temprano y durante las últimas horas de la tarde. Es decir, que desde las once de la mañana hasta las siete de la tarde, yo podría disfrutar de la playa, visitar pueblos cercanos, conocer otras islas…

¡Demasiado bueno para ser verdad!

Un detalle que no puedo dejar de mencionar es que la cocina se encontraba al aire libre. Sí, créeme que así de sorprendidos también se quedaban los huéspedes. Imagínate cocinar todos los días con vista al Mar Adriático o sentarte a tomar el café de mañana con vista a las Islas Pakleni.

Sin embargo, debo reconocer que encontrarme en un destino paradisíaco y nadar en aguas cristalinas, no fue lo único destacable de esta experiencia. El voluntariado me acercó a un país totalmente desconocido para mí. Y cuando digo totalmente desconocido, no me refiero a que nunca había estado allí. Me refiero a que no sabía absolutamente nada sobre la cultura europea y mucho menos sobre Croacia.

Algo que nunca me había pasado en otro voluntariado

Lo primero que aprendí fue su moneda. Llegué al aeropuerto con Euros y me fui con Kunas. ¡Hvala! me dijeron, y en ese instante aprendí a decir gracias en croata. 

Conforme pasaban los días, más me picaba el bichito de la curiosidad: ¿Por qué son así las construcciones? ¿Y ese fuerte de qué o de quienes los defendía? ¿Quién será ese señor del monumento? Y así, fue como día a día iba aprendiendo un poco más sobre la historia y la cultura de Croacia.

El voluntariado en Hvar tenía, para mí, un condimento especial. Pues me encontraba en una situación que no me había pasado en ningún otro voluntariado: No había argentinos.

Y si bien es verdad que adónde quiera que vayas vas a encontrar al menos a un argentino, déjame decirte que este no fue el caso.

Mis compañeros del voluntariado hablaban inglés 

  • Una australiana super extrovertida a la que le encantaba salir de fiesta.
  • Un polaco que gustaba de pasar su tiempo libre escuchando música.
  • Una alemana adorable que estaba disfrutando sus vacaciones aprovechó la pausa en la universidad para escapar del cielo gris de su ciudad.

Mezcla de culturas más que interesante

Más que un intercambio cultural en inglés, este fue un intercambio súper multicultural en inglés, español, alemán, polaco y más. Con Soya, la chica de Australia y con Norman, el chico de Polonia, los horarios de trabajo no coincidían mucho. Además, ellos ya estaban desde antes, y a los pocos días de mi llegada, partieron.

Sin embargo, con Carol, la chica del sur de Alemania, compartimos desayunos, momentos de ocio y, en varias oportunidades, también compartimos la cena.

El intercambio cultural con Carol fue casi instantáneo. Ella quería aprender español. Yo quería saber cómo era la vida en Alemania. Con lo cual, entre frases en inglés, oraciones en español y alguna palabra en alemán, logramos comunicarnos. Gracias a lo que aprendí de alemán con la magia del internet.

Los días pasaban y el verano ya estaba llegando a su fin. Sin embargo, durante los últimos días del voluntariado, sucedió algo muy interesante.

Un antídoto contra el egocentrismo

Arribaron al hostal dos alemanes. Ellos no se conocían, pero yo los presenté y también se los presenté a Carol. Me dio la sensación de que se iban a llevar bien ¡y no me equivoqué!

A partir de ese momento, Paul y Boris comenzaron a compartir el momento del desayuno con nosotras. Y era en esos momentos cuando me llenaban de preguntas sobre mi país. Es muy loco, y un buen antídoto contra el egocentrismo, darse cuenta de que hay personas que no conocen nuestras tierras. 

Qué no sabrían siquiera ubicar nuestro país en un mapa. Esto fue un llamado a la reflexión.

Y así, de golpe, me encontraba hablando sobre Argentina, sobre su clima, su cultura, sus paisajes, su gastronomía. Me convertía, sin quererlo, en una especie de embajadora de mi país. Y entendía que el intercambio cultural es un ida y vuelta. Que todo lo que a vos te causa curiosidad y ganas de aprender, le puede pasar a otro, con tu país.

Viajar: caminos de tolerancia, empatía y sabiduría.

Las ganas de conectar, de conocer y de aprender, no conocen de visas ni pasaportes.



Como viajeros, es nuestro deber aprender y respetar las diferentes culturas, así como también es nuestro deber difundir la propia alrededor del mundo.

Interesarte por la historia de un país, por su gente y su cultura, te hace más tolerante, más empático, más sabio.

Somos la generación que viene a desdibujar fronteras. Somos ciudadanos del mundo.

Te deseo un buen viaje a tu ser interior.

Que estos momentos de cuarentena estén llenos de una profunda reflexión sobre qué debemos aprender de esta pausa. Esta experiencia en Croacia sembró muchas reflexiones sobre cómo podemos ser portadores de buenas nuevas. Me demostró que la verdad puede estar afuera, pero empieza por descubrirla dentro de ti.


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Celeste

Mar 19, 2020

Hola Viajeros! Mi nombre es Celeste, argentina de nacimiento y ciudadana del mundo por elección. Soy una convencida de que viajar nos vuelve más to...


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