Monte Kilimanjaro desde el Parque Nacional de Amboseli

Cuando participé como voluntario en un Proyecto Social de Kenia con Worldpackers, tuve la fortuna de vivir nuevas experiencias como la de hacer un safari en el Parque Nacional de Amboseli con otros voluntarios.

Travel Tip: vea como voluntariar en Africa con Worldpackers.

Absolutamente todos soñábamos con ver animales salvajes; leones cazando, manadas de elefantes, gacelas corriendo y decenas de especies en su hábitat natural, pero cuando llegamos a la reserva, el clima estuvo de nuestro lado y el cielo nos dio la oportunidad de ver el Monte Kilimanjaro.

¡Fue amor a primera vista! Y por un momento olvidé por completo los animales y me concentré en la montaña, pues la emoción no me dejaba respirar ante tanta grandeza. Estaba frente la cima del África, en um monte de 5,895 m de altitud (19,341 ft); una eminencia topográfica que traspasaba las nubes para tocar el cielo, y ese día sentí que la vida me hizo un llamado a visitar Tanzania.


Kilimanjaro mapa

El 1 de agosto de 2018 llegué a la ciudad de Arusha, para mi segundo voluntariado. El anfitrión de Kuzuri Tanzania me recogió en un punto central de la zona; almorzamos y luego me llevó a conocer su casa y su maravillosa familia, donde tuve la oportunidad de apoyar varios proyectos por cerca de tres semanas.

Visité una escuela primaria en la cual enseñé geografía y matemáticas, hice carteleras académicas para muchas de las aulas y también apoyé con libros de asistencia a las profesoras. Además, compartí al interior un hogar de paso en el que muchos niños viven patrocinados para continuar sus estudios, mientras que otros tienen a sus padres trabajando fuera de la ciudad.

Sin embargo, la experiencia más impactante y emotiva, fue la de apoyar un orfanato a las afueras de la ciudad; realizando tareas de limpieza e higiene muy sencillas, pero también compartiendo con niños que irradian luz y amor desde lo más profundo de su corazón.

Cuando llegué a Tanzania, también tuve la fortuna de conocer a Andrea González, otra voluntaria de Colombia que venía viajando desde hacía unos meses por el sur del África y ahora coincidíamos en este maravilloso país. Hablando de nuestras vidas en Colombia y de las experiencias del último año, terminamos compartiendo un sueño en común: llegar a la cima del Monte Kilimanjaro.

Nuestro anfitrión se ofreció a contactarnos con las personas adecuadas para organizar la expedición a un buen precio y también para hacer preguntas acerca del viaje, pues, aunque ninguno de los dos era montañista, quisimos comenzar una aventura hasta la cima del África.

Finalmente acordamos una fecha, conseguimos del dinero con ahorros y crowdfunding, alistamos nuestras mochilas con el equipaje, e hicimos lo posible por alimentarnos muy bien durante las últimas semanas y caminar mucho para estar en excelente estado físico.

¿Qué llevar al Kilimanjaro?


Equipo.

El equipo apropiado para una aventura de alta montaña como esta, es igual de importante para cualquier turista, aventurero o experto.

Hay que llevar lo necesario y no sobre cargar nuestras mochilas con elementos que no vamos a utilizar; pues un buen equipo hará más fácil el ascenso y podremos sentirnos cómodos durante todo el viaje.

Cada uno de nosotros debía llevar una mochila pequeña con elementos personales, y además una mochila más grande con toda la ropa, elementos de aseo y cosas obligatorias que nos recomendaban llevar.

La lista a continuación, es el equipo completo que yo llevé, la ropa que utilicé a diario y lo que estaba en cada mochila.

Elementos de uso diario

  • Botas o tenis impermeables
  • Pantalón impermeable convertible
  • Camiseta transpirable
  • Sombrero o gorra

Mochila Grande (30 - 40 Lts)

  • Elementos de aseo personal + Rollo de papel higiénico y/o toallas húmedas
  • Kit de primeros auxilios (Curas, antiinflamatorios, alcohol, etc.)
  • Toalla pequeña de secado rápido
  • Tenis adicionales y/o sandalias
  • Pantalón térmico de alta montaña
  • Pantalón ajustable de primera capa
  • Saco ajustable de primera capa
  • Saco térmico de fleece
  • Chaqueta térmica de plumas
  • Medias térmicas + Medias excursionismo
  • Ropa interior (Térmica si es posible)
  • Guantes térmicos, gorro y/o bufanda
  • Calentadores o polainas

Mochila Pequeña (10 – 20 Lts)

  • Documentos personales (Pasaporte, ID, dinero, etc.)
  • Teléfono celular, cámara GoPro, batería externas
  • Cámara fotográfica y accesorios (Baterías, memorias, lentes, etc.)
  • Chaqueta para lluvia impermeable
  • Termo o botella con agua
  • Protector solar
  • Linterna

Extras

  • Diario de viaje y bolígrafo
  • Manta térmica de emergencia + Silbato
  • Snacks (Maní, barras energéticas, chocolate, frutos deshidratados, etc)
  • Bandera de Colombia

Día 1 - 11 km por Machame Route


Vehículo de transporte, desde Arusha al Parque Nacional Kilimanjaro.

Salimos el 19 de agosto de 2018 desde la ciudad de Arusha hacia el Parque Nacional Kilimanjaro, aproximadamente a dos horas de camino.

El vehículo que nos recogió, iba lleno pues el grupo de nuestra expedición era de 17 personas. Dos colombianos, otra compañera de la India, un guía, un asistente del guía, un cocinero, un mesero, un encargado de lavar los platos, un encargado de la basura y ocho porteadores. Un grupo bastante numeroso pero necesario para subir el alimento, las tiendas de dormir, nuestro equipaje y todo lo relacionado con el ascenso a la montaña.

Tomamos la ruta de Machame que se encuentra a 1800 msnm y la segunda más utilizada para alcanzar la cima del Kilimanjaro, pues es considerado como uno de los trayectos más hermosos. Sin embargo, primero debíamos almorzar, registramos en el parque y verificar que nuestro equipo estuviera listo para comenzar.

Iniciamos lentamente por unos senderos rodeados de árboles; los musgos caían del cielo y las ramas se entrecruzaban en este bosque tropical que nos estaba dando la bienvenida al parque. Veíamos porteadores cargando mochilas enormes, bolsas impermeables y hasta huevos muy bien acomodados para el desayuno de algún turista durante los días siguientes.

El clima y la temperatura eran perfectos, pues, aunque por lo general esta zona es muy húmeda y lluviosa, el mes de agosto es seco y facilita el ascenso.

Los dos mejores momentos para hacer la ascensión de Kilimanjaro son entre enero y marzo, o entre junio y octubre.

La mejor temporada para ascender la montaña es entre enero y marzo, pues le tiempo es más cálido. Y entre junio y octubre porque es la época más seca del año. Los otros meses suelen tener más lluvia lo que dificulta el ascenso a la montaña.

Y así “pole, pole” comenzamos a subir y a recorrer este maravilloso cinturón forestal que nos abría las puertas a esta gran aventura.

En suajili, “pole, pole” significa ir paso a paso, despacio, poco a poco; y es la clave para subir a la cima, pero además es un estilo de vida que las personas tienen en África.


Porteadores cruzando el bosque tropical de Machame.


Turistas cenando antes de dormir.

Después de caminar 11,7 km por cerca de 5 horas, llegamos a nuestro primer campamento cubierto de niebla. Machame Camp se encuentra a 3000 msnm y al llegar tuvimos que registrarnos en un libro de control de turistas.

Luego fuimos a buscar la zona donde íbamos a dormir, pues todas las tiendas de campaña son construidas por los porteadores antes de que los turistas lleguen; algunas tiendas son para descansar y otras para comer.

También había letrinas (baños) muy elementales pero bien organizadas, y si necesitábamos agua los porteadores caminaban hasta algún arroyo cercano para conseguirla, hervirla y potabilizarla para el consumo de todos.

Recomiendan tomar cerca de 2 litros de agua por día para mantenerse hidratado pues el sudor y el desgaste físico hacen que perdamos grandes cantidades de líquido.

Apenas veíamos algunas siluetas dentro de las tiendas de colores que contrastaban con la llegada de la noche, es decir, que nos fue imposible conocer el campamento, así que encendimos nuestras linternas, organizamos las tiendas de dormir y luego nos invitaron a cenar un plato de sopa caliente con pan, pescado, patatas al vapor, aguacate y bebidas calientes, pues en este campamento las noches pueden llegar hasta los cero grados.

Día 2 - 6 km caminando sobre las nubes


Vista del camino.

Nos levantaron a las 7:00 a.m. e inmediatamente pusieron agua caliente con jabón frente a nuestra tienda, con la intención de limpiarnos las manos o darnos un baño en la cara.

Enseguida desayunamos porridge, un alimento típico que se sirve en el áfrica pero que es de origen británico y contiene una gran cantidad de carbohidratos, vitaminas y minerales. También nos dieron tortilla de huevo, pan y té caliente, aunque también había chocolate o leche.

Llenaron nuestras botellas con suficiente agua, empacamos las mochilas y dejamos todo listo para que los porteadores tomaran nuestro equipaje.

Continuamos la jornada del día anterior dentro del bosque tropical, pero poco a poco fuimos dejando la vegetación atrás para entrar al páramo donde fue posible ver senecios, brezos y otras especies.

Estábamos subiendo por el costado izquierdo, pues los porteadores suben cargados con todo el equipaje para 5, 6 o 7 días de expedición, y por eso es mejor que ellos tengan el camino libre para ascender por la derecha.

Al mirar atrás no solo veíamos la fila interminable de turistas, sino también nos dimos cuenta que estábamos caminando por encima de las nubes. Tuvimos que hacer algunas paradas a descansar, tomar fotografías e hidratarnos, pero cada grupo y cada persona iba a su propio.

Un día despejado nos dejaba contemplar no solo el paisaje que habíamos dejado atrás sino también la cara oeste de la montaña, en cuanto nos acercábamos al segundo campamento. Caminamos cerca de 6,2 km en 5 horas y llegamos a Shira Camp donde nos ubicamos en las tiendas de dormir, descansamos el cuerpo y luego almorzamos.


Almuerzo.


Atardecer africano desde Shira Camp.

La vista de este campamento a diferencia del anterior era perfecta, pues el área era mucho más abierta; no había árboles y ya nos encontrábamos a 3900 msnm. Desde una panorámica pude contar aproximadamente unas 100 tiendas, lo que me indicaba que la cantidad de personas que sube a diario el Monte Kilimanjaro es enorme.

Luego hicimos una pequeña caminata de aclimatación hacia un mirador y unas cuevas donde años atrás los porteadores estaban autorizados para acampar. Actualmente todos descansamos en tiendas de dormir pues también es la manera de tener un control sobre las personas y proteger el medio ambiente; además que cada grupo que sube la montaña debe recoger sus desperdicios y la basura que día a día se genera.

El sol se perdió detrás de unas montañas afiladas como cuchillas, pero nos dejó ver tal vez, el mejor atardecer de toda la expedición. Algunos turistas se fueron a descansar, otros cenamos sopa, pasta con salsa y pan suficiente para acostarnos con el estómago lleno, pero a las 9:00 p.m. entramos en nuestras tiendas de dormir y nos fuimos a descansar bajo millones de estrellas.

Día 3 - Cada vez más cerca de la nieve


Andrea González de Colombia.

La temperatura de la noche anterior pudo haber llegado varios grados bajo cero, pues las tiendas de dormir amanecieron cubiertas de hielo. Nos levantamos temprano, lavamos las manos con agua caliente y desayunamos tanto como pudimos para comenzar el tercer día de esta aventura.

Empacamos los equipos e iniciamos el recorrido por un terreno rocoso semidesértico que entre subidas y bajadas nos llevaron hasta uno de los campamentos más altos del parque. La fila de turistas era cada vez mayor, debido a que otras rutas se conectaban a la nuestra y nuevos grupos con personas de todas las nacionalidades se comenzaban a concentrar en lo más alto de la montaña.

Caminar durante tanto tiempo, nos da la oportunidad para trabajar en la mente, pensar en lo que se ha conseguido hasta este día de hoy y llevar las cosas con calma para seguir adelante.

También es el tiempo perfecto para hablar con los guías, aprender de la montaña y conocer un poco más sobre los ecosistemas tan espectaculares que podemos encontrar durante todo este recorrido.

Llegamos a Lava Tower Camp para almorzar, un pequeño campamento ubicado a 4600 msnm que se formó durante la primera actividad volcánica del Kilimanjaro y que llegar hasta su base no representa mayor dificultad que la altura y la cantidad de piedras en el camino.

Enseguida comenzamos a descender y la vegetación apareció de nuevo frente la cara sur de la montaña.


Dendrosenecio Kilimanjari frente a la cara sur de la montaña.


Noche nublada en Baranco Camp.

En Colombia tenemos unas plantas llamadas frailejones y en Tanzania tienen una especie similar llamada Dendrosenecio Kilimanjari, la cual me dejó sin palabras. Son ejemplares muy parecidos a los que tenemos en mi país, pero acá tienen un tamaño impresionante que puede llegar hasta los 10 metros de altura, además que de un solo tronco nacen varias plantas.

Finalmente descendimos hasta Baranco Camp con 3900 msnm, firmamos el libro de control y continuamos a nuestras tiendas de dormir.

Fueron cerca de 6 horas de caminata que nos llevaron hasta un lugar increíble en medio de las montañas; habían más de 200 tiendas, y cientos de porteadores intentando hacer llamadas a casa pues es el único campamento que tiene señal.

La montaña parece estar encima de nosotros y desde el campamento se tiene una vista impactante, pero en cuestión de segundos el clima cambió y la niebla cubrió todo el lugar. La temperatura bajó antes de que fuéramos a cenar y las ganas de seguir adelante nos llevaron a descansar profundamente para lo que nos esperaba la mañana siguiente.

Este es el día más importante de la ruta de Machame para la aclimatación, pues después de subir hasta los 4600 msnm hay que bajar a los 3900 msnm para descansar, y es más probable que se presenten dolores de cabeza o dificultades para dormir.

Día 4: After Breakfast


Porteador.

En el cuarto día, nos levantaron a las 6:30 a.m., desayunamos muy bien y nos prepararon para lo que se venía enseguida. Desde Baranco Camp debíamos comenzar a subir una gigantesca montaña llamada “after breakfast” lo que traduce literalmente “después del desayuno”. Una pendiente enorme que debíamos subir en 1 hora.

Después de atravesar un arroyo de donde los porteadores sacaban el agua, comenzamos el ascenso entre rocas, fisuras y caminos al borde del abismo. En algunas zonas teníamos que subir agarrados con las manos porque el terreno era difícil y necesitábamos tener el control del equilibrio.

Los porteadores mientras tanto se acumulaban paso a paso y resistían el peso de los equipos que desde hace cuatro días venían cargando a sus espaldas. Era sorprendente como escalaban de rápido, posiblemente por la práctica y el entrenamiento, pues algunos de ellos han subido la montaña durante los últimos 15 años, llevándoles a la cima del Kilimanjaro más de 50 veces. Sin embargo, había otros porteadores más jóvenes e inexpertos, que perdían el equilibrio con facilidad y tenían que descansar más veces durante la ruta.

Llegamos a un mirador y luego bajamos de nuevo por un valle, volvimos a subir y finalmente llegamos a Karanga Camp después de 4 horas de camino y en donde decidimos almorzar. Cada uno de nosotros iba a su propio ritmo, la compañera de la India iba adelante con el asistente guía y conmigo, mientras que mi amiga Andrea de Colombia, subía poco a poco con el guía principal.

Lo importante no es llegar de primeros, ni establecer un nuevos records; todos tenemos capacidades diferentes y lo más importante es completar cada etapa sin complicaciones ni dolores.


Barafu Camp y al fondo el volcán Mawenzi.


Kit de primeros auxilios.

Seguimos el ascenso a no más de 2 kilómetros por hora, pues la falta de oxígeno se siente cada vez más. La temperatura bajaba y la niebla apenas nos dejaba ver lo que teníamos adelante, pero subiendo poco a poco y viendo como el paisaje se convertía en un desierto montañoso, fuimos llegando hasta el último de los campamentos.

Después de 9,7 km y casi 6 horas de camino, llegamos a Barafu Camp para descansar sobre los 4600 msnm. “Barafu” significa hielo en suajili y aunque este campamento no estaba cubierto de nieve, si era bastante frío. Como de costumbre tuvimos que ir a firmar el libro de control, pero luego nos ubicamos y conocimos el campamento, en el cual había una gran cantidad de turistas.

Acá hay tiendas sencillas, pero también hay tiendas VIP con sillas, mesas, decoración y una cantidad de exageraciones para quienes las puedes pagar, pero más allá de eso, este lugar es el punto de reunión más importante de todos., pues mientras muchos turistas llegábamos, otros venían bajando desde la cima de la montaña, lo que nos llenaba de emoción y expectativas, pero no podíamos confiarnos.

Logramos que todo el equipo se concentrara en el campamento, luego escuchamos un par de helicópteros sobrevolar la zona y además tratamos de secar la ropa húmeda que habíamos usado. Cenamos muy bien sopa, pasta con carne y varias bebidas calientes pues a las 7:00 p.m. ya estábamos organizando nuestros equipos para el recorrido más importante de este viaje.

Durante los días anteriores, siempre tuve que poner las baterías de mi cámara fotográfica dentro del sleeping bag para poder mantenerlas calientes, pues el frío las descarga fácilmente y no quería perderme ni un solo momento del viaje.

Adicional a eso, tuve que poner también dentro del sleeping bag la ropa más térmica que tenía para el último ascenso hacia la cumbre y para que cuando la fuera a usar estuviera con buena temperatura.

La jornada de hoy en la cual no ganamos altura, debió servir para hacer desaparecer síntomas como dolores de cabeza o problemas de dormir, sin embargo, yo tuve que ponerme un par de curas en dos dedos de los pies, tomar un antiinflamatorio y una pastilla para el dolor ,pues me sentía agotado.

Día 5: Un sueño llamado “Uhuru”


Ascenso nocturno.

Nos levantaron antes de que terminara el día. Organizamos nuestro equipaje y nos pusimos la ropa térmica que habíamos llevado, comimos galletas y tomamos té caliente, pues el recorrido de hoy comenzaba a oscuras y necesitábamos alistarnos para comenzar a subir.

El cielo estaba completamente despejado y las estrellas nos marcaban el sendero hacia la cima, pero el frío era tan intenso que nos puso a temblar desde la media noche cuando comenzamos la etapa más difícil.

Antes de iniciar nos tomamos de las manos, pues consideramos importante pedir permiso a la montaña antes de subir. La cima es el objetivo principal, pero aun así debemos pedir a la madre tierra que nos proteja y nos deje contemplar Tanzania desde lo más alto.

Luego encendimos nuestras linternas y comenzamos a subir detrás de una fila de luces que demarcaba el camino y parecía interminable.

Sin tener un punto de referencia por la oscuridad, el ascenso se hace más largo y difícil, la montaña pone a prueba nuestra resistencia física pero también la fuerza mental que debemos tener para no pensar en el frío, controlar la respiración y caminar muy despacio.

Algunos grupos se animaban entre ellos, cantaban y parecían ascender a toda marcha por una pendiente parecía no tener fin, pero en mi caso, el cansancio quería detenerme. Después de 3 horas de ascenso, tenía sueño, hambre y estaba comenzando a sentir frío en las manos a pesar de tener guantes térmicos.

La botella con agua que llevaba se había congelado prácticamente y además el peso de la mochila me estaba matando la espalda. Me detuve muchas veces durante el ascenso; descansaba sobre rocas y trataba de controlarme.

Luego me ayudaron a cargar la mochila y el porteador que me acompañaba me ofreció agua, pero entre lágrimas y dolor físico no sabía si continuar.

Paso a paso, minuto a minuto y hora a hora, sentía que no podía seguir más y estaba comenzando a pensar en vomitar, pero logré respirar con calma y pensar.

¡Que difícil! Qué difícil fue haber dicho que continuaba, pero todo sueño implica un esfuerzo grande. Respiré profundo y dejé de hacer fotografías por cerca de dos horas.

A las 5:00 a.m. estábamos llegando al borde del cráter y yo no podía dejar de pensar en el frío que me estaba destrozando. Necesitaba una señal, pensar en algo diferente y encontrar algo que me diera aliento…

Pero entre un abrir y cerrar de ojos, vi como una delgada línea de luz naranja separaba con fuerza el cielo de la tierra; el sol estaba a punto de salir y la emoción me animó a seguir adelante.

Creo que ha sido uno de los amaneceres más espectaculares que haya visto en la vida, no solo por la tonalidad del cielo o el lugar donde me encontraba, sino porque haber llegado hasta el borde del cráter tenía un significado mayor para mí.


Amanecer desde el volcán Kibo.


Hielo.

El camino que quedaba era mucho más suave y menos pendiente, pero todavía teníamos que caminar por dos horas para llegar hasta la cima.

Continuamos sobre un terreno de piedra volcánica y en algunos tramos tuvimos que pisar la nieve, por los caminos ya establecidos que otros turistas habían demarcado. A la izquierda se veía un glaciar enorme y a la derecha contemplábamos un cráter gigante mientras caminábamos por el borde de Kibo, uno de los tres volcanes inactivos del Monte Kilimanjaro.

Finalmente, después de casi 7 horas de camino con un frío insoportable que nos quería romper hasta los huesos, llegué en compañía de mi porteador a los 5.895 msnm del Monte Kilimanjaro y el lugar más alto del continente africano.

Este lugar es conocido como el pico “Uhuru” y significa libertad en suajili.

La vista era sorprendente y el poco aliento que nos quedaba lo utilizamos para contemplar el paisaje e intentar acercarnos hasta la señal que ahí arriba se encontraba. Intentamos tomar algunas fotografías, pero la cantidad de turistas era abrumadora; personas de todas las nacionales y todas las edades también había llegado hasta allá allí y lograr una buena toma fue difícil.

¡Tenía las manos congeladas y me costaba mucho trabajo manipular mi cámara fotográfica! Tampoco pude contener las lágrimas de la emoción, pero aun así lo había logrado.

Y todo lo que había hecho durante los días anteriores había significado mucho más de lo que algún día imaginé.

Fue una de las sensaciones más profundas que he sentido en la vida, pues el sacrificio es algo que todos los seres humanos vivimos en la vida, independientemente de la situación o el contexto en que nos encontremos.

Y aunque esta expedición no había sido para nada fácil… ¡Acababa de hacer un sueño realidad!.


Señal en la cima del Monte Kilimanjaro.


Ascenso y descenso entre caminos de hielo.

La estancia en la cima depende de las condiciones climatológicas, pues, aunque uno quisiera quedarse más tiempo allí, recomiendan no permanecer arriba por factores como la altitud, el frío y el cansancio.

Hasta ahora estábamos en la mitad del recorrido, pues, así como subimos teníamos que volver a bajar hasta Barafu Camp, el lugar donde habíamos iniciado este trayecto durante la madrugada.

Si no hubiera sido Amos Steven; el porteador que fue mi sombra durante este día, jamás lo hubiera podido lograr. Su chaqueta amarilla fue como una luz en el camino que debía seguir, y tras darle un fuerte abrazo como agradecimiento por su compañía, decidimos regresar.

Caminamos hasta el borde del cráter nuevamente para comer algo; luego organicé mi mochila, amarré de nuevos las botas y comenzamos a descender por un camino polvoriento durante casi dos horas para regresar de nuevo al campamento.

En el camino encontramos a nuestra compañera de la India y al asistente guía quienes habían llegado a la cima del Kilimanjaro mucho antes que nosotros, pero cuando llegamos a las tiendas del Barafu Camp, nos reencontramos con Andrea (mi amiga colombiana) y al guía principal que la estaba acompañando.

Ellos no alcanzaron a llegar hasta la cumbre, sin embargo, cada persona tiene dentro de sí misma una cima a la que quiere llegar; un propósito en la vida y una razón para continuar adelante. Venir hasta acá no es solo llegar hasta “Uhuru”, es disfrutar la aventura y aprender a disfrutar el camino.

Estaba agotado, con dolor en las rodillas, no sentía los dedos de los pies y tenía mucha hambre. Luego desayunamos algo sencillo y posteriormente tuvimos que empacar nuestras mochilas para comenzar el primer tramo del descenso pues nos esperaban cerca de 3 horas y 10 km por la única ruta que tiene el parque para descender hasta un campamento que se encuentra a los 3100 msnm.

Caminamos por terrenos rocosos, dejamos atrás el páramo y nos acercamos de nuevo al bosque tropical para llegar a las 2:00 p.m. al último campamento de esta aventura. Mweka Camp nos recibía con las tiendas ya listas para descansar un par de horas, luego durante el té de la tarde organizamos entre los tres turistas todo el tema de las propinas y los tips que hay que dar al equipo.

Aconsejan entregarlos el último día del viaje y personalmente a cada una de las personas que nos acompañaron. Luego cenamos y regresamos a las tiendas a dormir felices y agradecidos con todo lo que habíamos podido vivir durante el día.

Día 6 - Gracias a la Montaña


Regresando al bosque tropical.

Amanecimos de nuevo dentro del bosque con una mañana despejada, cálida y emotiva pues era el último día de esta gran aventura.

Desayunamos tan bien como todos los días y salimos de las tiendas después de organizar todo el equipo, pero los porteadores nos sorprendieron con palmas, cantos africanos y mucha alegría. Entonaron con emotividad un canto al a la montaña, para agradecer a la vida y celebrar que todos regresamos bien a casa después de esta maravillosa experiencia.

Posteriormente cada uno de nosotros (los turistas) hablamos frente a ellos, estrechamos sus manos y los abrazamos con afecto por habernos acompañado durante 6 días llenos de aprendizaje y nuevas historias.


Porteadores cantándole al Monte Kilimanjaro.


Mweka Gate.

Finalmente, iniciamos el segundo tramo del descenso por cerca de 3 horas y otros 10 km de recorrido, entre el bosque tropical que nos había dado la bienvenida al parque unos días atrás.

Vimos como cientos de porteadores, nos pasaban durante la bajada y corrían por el terreno húmedo con sus equipos pesados, como si fueran a llegar a una meta. La vegetación era abundante y cuando mirábamos hacia atrás, apenas podíamos ver el pico nevado de la montaña entre las hojas y ramas de los árboles.

Llegamos a Mweka Gate donde todos los viajeros y porteadores estaban concentrados para salir del parque; nosotros fuimos a acreditarnos por última vez ante las autoridades, para escribir a cuál de los puntos habíamos llegado y así mismo nos darían un certificado de ascenso.

Solamente quienes llegan a Gilman’s Point (5.681 msnm), Stella Point (5.735 msnm) o Uhuru Peak (5.895 msnm) son las personas que reciben un certificado por parte del parque.

Otras personas aprovecharon la llegada para tomar una cerveza, mientras que los porteadores comenzaron a cargar de nuevo el equipaje en el vehículo que nos estaba esperando. Este sueño llamado Kilimanjaro había terminado y era el momento de regresar a casa para compartir con todos nuestra aventura.

El 24 de agosto de 2018 regresamos a Arusha, exactamente a la casa de nuestro anfitrión de Worldpackers.

Agradecimos uno a uno a los miembros del equipo y nos despedimos con nostalgia por haber tenido la oportunidad de compartir con grandes seres humanos de Tanzania. Habíamos regresado pensando diferente, transformados por la cantidad de momentos vividos durante esta semana, pero sobre todo agradecidos con la vida por darnos esta gran oportunidad.

¿Cuánto dinero gasté?


Rutas del Monte Kilimanjaro.

En 6 días gasté cerca de $1750 USD, lo que en un principio era demasiado dinero para mí, pero después de vivir la experiencia, creo que el trabajo y la preparación que hay detrás de todo este viaje; lo vale todo. Aparte pude haber gastado unos $10 USD en snaks.

1. Expedición $1450 USD

El precio incluía transferencias desde aeropuertos o ciudades cercanas. La calidad de las tiendas de dormir, sleeping bags, equipos o accesorios complementarios para alta montaña, eran de calidad. El agua está incluida, la comida es abundante, variada y lo suficientemente saludable. Entrar al Parque Nacional Kilimanjaro también tiene unas tarifas que obviamente para turistas y extranjeros, corresponden al doble del precio de los ciudadanos de Tanzania, además hay que pagar por el derecho a acampar. Todo el equipo de personas que subieron con nosotros no estaba de viaje; ellos estaban trabajando y por eso reciben su salario independientemente del cargo que tengan.

2. Tips o Propinas $300 USD

Creo que una de las cosas que no contemplamos desde un comienzo, es la cantidad de personas que nos tienen que acompañar durante todo el ascenso y descenso de la montaña, lo que implica darles una propina diaria. Si pudiéramos ponernos en los zapatos de todos ellos, en especial de los porteadores y cargar durante 6 días seguidos cerca de 20 kg a la espalda con todas las cosas que nosotros los turistas necesitamos, no pensaríamos dos veces en apoyarlos y darles una buena propina.

¿Qué aprendí de esta experiencia?

Todos soñamos con llegar a la cima mucho antes de haber comenzado a subir la montaña y pensamos inconscientemente que estar en lo más alto, representará haber cumplido el principal objetivo de este sueño llamado Kilimanjaro.

Sin embargo, después de haber caminado 69,7 km en 6 días, haber dormido en 5 campamentos con altitudes diferentes y haber compartido con miles de personas de todo el mundo esta gran aventura, puedo concluir que estuve en la cima del África, solamente por 13 minutos. Es decir, que el poco tiempo que estuve arriba no se compara con todo el proceso que llevamos a cabo para poder llegar hasta allí.

Muchas veces en la vida creemos que el resultado de las cosas que hacemos es lo más importante, pero olvidamos la cantidad de aprendizajes que tenemos en el camino y olvidamos que, para cumplir nuestros sueños, debemos dar pasos, disfrutar el momento y superar dificultades para alcanzar grandes cosas.

Medí mi capacidad física para caminar largas distancias, soportar climas y mantenerme saludable durante la expedición, sin importar las condiciones.

Superé miedos, trabajé la mente y alimenté el alma. Volví a creer en que puedo lograr cosas increíbles si trabajo por ellas y además llegué a “Uhuru” (la libertad), algo que necesitaba hace mucho tiempo para volver a respirar con tranquilidad.


Emilio Aparicio Rodríguez, Fotógrafo, Voluntario y Aventurero.

Aprendí una vez más, que la vida hay que llevarla “pole pole” como dicen en el África. Tenemos que disfrutar cada día como si fuera el ultimo, y aprovechar a las personas que nos rodean, vivir sin prisa para encontrar el verdadero sentido de levantarse cada mañana y respirar. Aprovechar las oportunidades y aprender de las dificultades, porque la vida está llena de grandes montañas que subimos y bajamos todos los días.

Gracias, Kilimanjaro.



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Emilio

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Sep 17, 2018


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