88 días como voluntario en Kenia

Era la primera vez en la vida que iba a convivir con niños al interior de un centro de educación en los campos del África para contribuir con una iniciativa que apoya a familias en situación de pobreza extrema para que sus hijos salgan adelante a través del estudio.


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Emilio

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Nov 03, 2018

Makuyu Education Initiative

Aterrice en el aeropuerto internacional Jomo Kenyatta de Nairobi, Kenia, el 3 de mayo de 2018, a las 3:45 a.m. con dos maletas cargadas de ropa, equipo fotográfico y muchos sueños por cumplir;

Makuyu Education Initiative aceptó mi aplicación por un mes inicialmente, pero las primeras semanas fueron tan especiales y significativas, que pedí al anfitrión prolongar mi estadía a 90 días.

Los protagonistas de esta aventura fueron Dahera, Christine, Tabitha, Caroline, Janet, Catherine, Bonface, Leonard, Daniel, Christopher, Kelvin, Benson, Thomas, Golicha y Peter.

El día a día

Todos ellos se levantan a las 5:30 a.m., se ponen sus uniformes, alistan sus maletas, desayunan todos los días un té chai caliente acompañado con mandazi (un pastelillo tradicional africano delicioso, que con el tiempo aprendí a preparar) y salen de la casa para caminar por treinta minutos entre plantaciones y carreteras llenas de barro para llegar a la escuela antes de las 7:00 a.m.


Caminando hacia la Escuela Primaria de Makuyu

Mientras tanto, los voluntarios desayunábamos lo mismo que los niños y luego sacábamos agua de un pozo a través de un mecanismo de poleas con baldes para poder realizar dos actividades importantes del día.

Primero ayudábamos a limpiar el piso de las habitaciones de los niños, el patio donde ellos jugaban, la zona de baños y el salón de clases donde estudian en las noches. Segundo, utilizábamos el agua para lavar la ropa y los uniformes que necesitan a diario los niños para ir excelentemente presentados a la escuela.

Tareas realmente sencillas de realizar pero que se hacen a la antigua, como sacar el agua de un pozo, lavar la ropa a mano, limpiar los pisos con toallas y barrer con escobas hechas de hojas de palma para sacar la tierra de las habitaciones. 

Claramente para quienes están poco familiarizados con el aseo, pueden llegar a ser tareas difíciles, pero de igual manera vale la pena salir de nuestra zona de confort y ponernos en los zapatos de los demás para valorar y aprender nuevas cosas para la vida.


Uniformes

Entre las 10:00 a.m. y 4:00 p.m. los voluntarios teníamos tiempo libre para leer, salir a caminar hasta el pueblo, preparar clases para la noche o ayudar en cualquier actividad extra de la casa. Obviamente había tiempo para tomar el almuerzo, darse un baño y descansar un poco.

Un punto a favor del anfitrión es el de darnos la oportunidad de tener tiempo para explorar y conocer lugares cercanos simplemente tomando un medio de transporte como el matatu, pues así se les llama a los pequeños buses que transportan a las personas en Kenia.

Por ejemplo, un voluntario de los Estados Unidos aprovechaba su tiempo libre para salir a trotar y entrenar como lo grandes corredores keniatas, otros estudiaban y leían textos académicos para cuando regresaran a sus países, pero yo como fotógrafo me enamoré del campo y sus alrededores, incluso y aunque no me lo crean, estuve buscando camaleones por más de dos semanas; días y noches, hasta que pude hacer un sueño realidad y fue el de haberlos encontrado.


El primer camaleón que vi en mi vida

También durante mi tiempo libre, conocí a un grupo de personas en la ciudad de Thika que intentan rescatar a los niños que viven en la calle a través de iniciativas como el deporte; dándoles al menos un apoyo moral e incluso académico para poderlos regresar a una escuela, entregarles un uniforme nuevo y darles la oportunidad de estudiar.

En el mundo existen 150 millones de niños que viven en estas condiciones y en Kenia cerca de 300.000 menores viven en la calle. Sin embargo, el mundo aún tiene personas que buscan cambiar su entorno de manera positiva y me alegra haber tenido la oportunidad de compartir con ellos durante todo el tiempo que estuve en este maravilloso país.


Jugando fútbol con niños que viven en la calle

Alcancé a conocer personas de Holanda, Brasil, España, Portugal y Estados Unidos; voluntarios de diferentes edades y personalidades que claramente hicieron más agradable la estadía en Kenia y con las cuales compartí excelentes momentos.

Indiscutiblemente el equipo necesario para apoyar a todos los niños que llegaban de la escuela entre las 4:00 y las 5:00 p.m. Tomaban baño después de calentar agua en una hoguera y cuando estaban listos nos poníamos a jugar con ellos, a correr, a bailar y hasta compartir alguna fruta que habíamos comprado en el mercado.

Cenábamos a las 6:00 p.m. y media hora más tarde, todos los chicos iban al aula para hacer refuerzo escolar. Los lunes enseñábamos matemáticas, los martes dábamos clase de inglés, los miércoles ellos tenían clase de suajili, que personalmente no entiendo nada pero que en varias ocasiones participé y aprendí una buena cantidad de palabras nuevas. Los jueves tenían ciencias sociales y los viernes era un día de para debatir o hablar de cualquier tema.

Yo enseñé a leer el reloj en inglés, a calcular el área y el perímetro de figuras geométricas básicas, di un par de clases de fotografía y hasta tuve que preparar exámenes de inglés sobre adjetivos, conjunciones y verbos, mientras que otros voluntarios se atrevieron a dar incluso clases de portugués y de primeros auxilios.

Enseñar no fue una tarea fácil pero definitivamente es la manera de volver a aprender, de preparar clases y de organizar las ideas para poder transmitir conocimiento de la mejor manera. Solo con tener la atención de los niños ya era una ganancia y si ellos contestaban bien, significaba que el conocimiento realmente estaba quedando dentro de sus cabezas.


Christopher

A final del día, todo lo que habíamos enseñado y hecho por el bienestar de los niños, había dado fruto y valido la pena. Si ellos pasaban todos sus exámenes, era por su propio esfuerzo y sus ganas de aprender nuevas cosas. 

Finalmente, de eso se trata esta iniciativa que busca apoyar a niños como éstos a que salgan adelante a través de una mejor educación y nosotros como voluntarios tenemos una enorme responsabilidad cuando aplicamos a proyectos como éste, que buscan una transformación social pero además tienen un sentido o un objetivo específico.

Entre las 8:00 y las 8:30 p.m. estábamos dando abrazos de buenas noches a todos los niños. A veces contábamos historias, jugábamos con ellos y les deseábamos lo mejor para el siguiente día; luego los arropábamos y nos íbamos a dormir.

Cada noche estrellada para mí siempre representó una esperanza, un día cumplido y una cantidad de motivaciones nuevas para comenzar el siguiente día, pues, aunque no soy una persona perfecta, siempre trato de dar lo mejor de mí para que las cosas resulten bien.


Noche estrellada

Definitivamente 88 días en este lugar fueron suficientes para poder hacer parte de esta maravillosa familia que indiscutiblemente transformó mi vida y me enseñó más de lo que hubiera podido esperar. Quisiera no haberme ido pero las aventuras continúan y nuestros propósitos en la vida deben continuar para seguir recorriendo el mundo a través de Worldpackers.



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Emilio

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Nov 03, 2018


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