Un verano surfeando en Portugal con 7 euros al día

¿Considerarían trabajar a estar 4 horas diarias riendo sin parar, ayudando a otros a hacer lo que más te gusta y aprendiendo, entre otras cosas, un nuevo idioma? Así es como puedo definir mi experiencia en Ericeira Surf Camp, el hostel que elegí para realizar mi intercambio Worldpackers.


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Patri

Hola, soy Patricia, una estudiante de astrofísica que sueña con vivir viajando. Nací en el paraí...

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Sep 10, 2018

Primero, creo que lo correcto es contaros algo acerca de mi. Soy una universitaria de 18 años de Canarias, España, unas pequeñas islas situadas al oeste de África. Surfear es mi hobbie-deporte favorito, y necesitaba encontrar un modo de practicarlo en verano, ya que no hay olas donde vivo en esa época del año.

Mi presupuesto era ajustado, así que busqué el destino dentro de Europa con más consistencia de olas en Junio y Julio, y así apareció Ericeira, un pequeño pueblo de pescadores al norte de Lisboa.

Hacía un año que conocía Worldpackers y no dude en utilizarlo con este fin. Tras solicitar el intercambio en un par de hostales de Ericeira, encontré esta oportunidad y así comenzó mi viaje.

Llegó el día. Estaba asustada pero lo cierto es que desde que entré por la puerta de esa casa me sentí acogida. Primero conocí a Isabel, la manager, que me presentó a los que serían durante un mes mis compañeros, mis amigos, mi familia. Dos brasileños y una chica canadiense que como yo habían ido a Ericeira para vivir algo único.



Los primeros días tuvieron sus complicaciones, digamos que tiré una jarra de leche en mi primer día, en mitad de veinte snowboarders de 15 años que acababan de llegar de sus entrenamientos de verano matutinos. ¡Qué forma de liarla! Pero bueno, nada que no se pueda arreglar con una fregona.

Sin darme cuenta pasó la primera semana. Días de cuatro horas de trabajo que me organizaba pactando con mis compañeros en busca de la mejor marea para surfear. Organizar el desayuno, recoger la sala común, limpiar habitaciones y sobre todo, barrer mucha arena, digamos que si trabajas como yo a dos minutos caminando de la playa es lo que tienes que esperar.

La verdad que, personalmente, lo que más difícil me resultaba era tener que poner fin a conversaciones con personas super interesantes que se alojaban en el hostal. 

De resto, la verdad que el trabajo era muy ameno, especialmente cuando limpiaba al mismo tiempo que otro voluntario, no faltaban risas, música y bailes con la escoba en mitad del pasillo.



Mi tiempo libre lo empleaba mayoritariamente en surfear con las tablas que me prestaba el surf camp, muchas veces iba con ellos y me llevaban en furgoneta. Con el tiempo dejé de trabajar algunas horas limpiando para ayudar dando las clases, una experiencia maravillosa con la que he reafirmado mi idea de hacerme monitora de surf.

Cuando no estaba en el agua, practicaba yoga con finlandesas, hacía skate con el tataranieto de Charles Dickens o simplemente disfrutaba junto con todo el hostal (dueño, profesores de surf, voluntarios y huéspedes) de los partidos del mundial de fútbol. En lo que respecta a la noche, vivir en el centro tiene algunas ventajas, entre ellas estar a un tiro de piedra de “Tubo Bar”, el pub de Ericeira por excelencia.

No puedo dejar de mencionar las cenas: los voluntarios solíamos cocinar alguna receta típica del lugar de donde veníamos. Podemos decir que por unas horas la pequeña cocina se convertía en el plató de MasterChef, una forma extraordinaria de conocer nuevas culturas.

Al principio del artículo comencé diciendo que necesitaba encontrar una manera económica de viajar, definitivamente la encontré. En tres semanas aproximadamente me gasté 150 euros, lo que fue posible gracias al alojamiento y los desayunos que me incluía mi intercambio. Esa cantidad incluyendo un heladito todos los días en la mejor “sorveteria” de Ericeira y mínimo una cerveza cada noche en Tubo. :)



En fin, puedo decir que con menos de 7 euros al día, lo mismo o menos de lo que me gastaría en Canarias, he pasado mi verano surfeando todos los días y probando tablas diferentes (lo que ha hecho que mejore muchísimo,) además de conociendo gente nueva que de verdad espero volver a encontrarme en el futuro.

No es fácil especificar un perfil concreto al que recomendarle Ericeira Surf Camp. Lo cierto es que si disfrutas del buen tiempo, la playa, las risas y la comida ese es tu sitio amigo. Da igual que sepas o no surfear, estas en un sitio perfecto para aprender. Pero por favor, no vayas si tu objetivo no es conocer tanta gente como te sea posible, divertirte tanto como puedas y contribuir a que ese pequeño hostal se convierta en el hogar de más voluntarios como yo, que con orgullo ahora pueden decir que forman parte de un equipo.

Para concluir, me gustaría terminar diciendo que no solo aprendí un nuevo idioma, mil y una formas de hacer camas y a surfear mientras bailaba funk brasileño, sino que descubrí la manera de abrirme a la gente casi de forma instantánea, aprovechando cada pequeña conversación dentro y fuera del agua para ser mejor persona, volverme más independiente tanto económica como psicológicamente y crear amistades valiosísimas que espero volver a encontrar en este gran viaje que es la vida. 

(Fotos por Marie-Eve Leclerc)



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Sep 10, 2018


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