Viajando sola en Brasil

A la hora de viajar solas analizamos varios puntos, y a veces algunos de más, por así decirlo. Hasta nos ponemos en juicio si viajar a ciertas ciudades o no por el simple hecho de encontrarnos solas.

Lo que a veces no recordamos en ese momento es que somos capaces de ir a cualquier lugar que nos propongamos, y que cada persona tiene su propia experiencia, y eso a veces, va a definir nuestro punto de vista de cada lugar.

Cuando hablamos de viajar solas se me vienen a la mente puntos como la seguridad, cuales son los lugares indicados y cuáles no. No hay un solo punto a analizar. Personalmente creo que son todos temas muy importantes y ambivalentes. Lamentablemente estamos viviendo, le llamo yo, la época del miedo. Nos imponen miedo.

El día que le comunique a familiares y amigos que iba a viajar sola, lo primero que me dijeron es que estaba loca, que era peligroso, que, porque no iba a ciudades chicas, donde haya personas conocidas, lugares cercanos, que no corra riesgos.

¿Riesgos? ¿Alguien sabe lo que es el riesgo? Por empezar el riesgo cero no existe, porque siempre existe la posibilidad de que algo ocurra. Cuando tenemos algo en mente tomamos decisiones, las que luego nos llevan a un resultado. Ahí está el punto, ese es el riesgo, la probabilidad de un suceso y sus consecuencias. Pero de lo que la gente se olvida es que puede ser algo positivo o algo negativo.

Y que suerte que tenemos de que el riesgo exista. Sino nada sucedería, nuestro estómago no se endurecería de nervios, el corazón no sonaría tan fuerte de nervios o la sonrisa no sería difícil de ocultar cuando estamos a punto de emprender el viaje que siempre anhelamos. Ese es nuestro cuerpo hablando del riesgo, el riesgo de que todo salga bien.

Personalmente creo que no existen lugares a los que llamar seguros y otros inseguros, tal vez, algunos son recomendados por alguna u otra cosa, y dependen ni más ni menos que de la experiencia de cada uno.

A continuación, te cuento de algunas ciudades en las que estuve viajando sola en Brasil, grandes, chicas, seguras, inseguras, lindas, feas... como quieras llamarles, pero cada una con sus características que la hacen únicas. Que lo disfrutes:

1. Rio de Janeiro


Viajando sola en Rio de Janeiro

Era mi punto de llegada y a la vez de partida hacia otros lugares que todavía ni me imaginaba. Admito que no estaba segura de arribar a la ciudad sin una referencia, sin internet en mi celular y con una cara totalmente reconocible de “gringa”. La terminal Novo Rio me dio la bienvenida y los interminables taxistas con miles de precios diferentes por un viaje también.

Primer punto a tener en cuenta si quieres ahorrar dinero: nunca tomar un taxi, el viaje puede llegar a costarte hasta 5 veces más, si, cinco. Recomiendo uber o bus. Como gran apasionada de mi profesión que soy, me dirigí a la oficina de informes turísticos para aceptar guía y tips.

Tenía expectativas muy bajas en cuanto a la playa y a la ciudad de Rio de Janeiro en si, será porque soy amante de la naturaleza y las ciudades pequeñas. ¡Pero ahora puedo decir que no veo la hora de volver! Esta ciudad es increíble, no hubo un dia de mi viaje en el que no haya quedado sorprendida. Hay interminables actividades para realizar y lugares para visitar.

Consejo: hay muchos atractivos turísticos a los que se puede presentar acreditación de estudiante de tu país para acceder con descuento.

Me alojé en el barrio de Santa Teresa, pegado al barrio de Lapa, donde se dice que hay que tener mayores recaudos (recaudos que también que tener en cualquier otro lugar) y mi experiencia fue muy positiva. Trataba de andar en grupo, con la misma gente del hostel, con quienes me mantenía comunicada, con mi dni, un poco de plata y mi celular bien guardado. En caso de volver sola de noche, recomiendo uber.

Personalmente creo que si quieren elegir una ciudad que nunca duerme es esta y la multiculturalidad camina en las calles.

2. Paraty


Viajando sola en Paraty

Es de esos lugares que tienen encanto. No puedo explicarlo, y menos con palabras. Paraty tiene una energía muy especial. No hubo persona con la que haya hablado que esté en desacuerdo con esto. Muchos decían que, o te enamorabas, o te expulsaba.

Viajé hasta allá con la idea de quedarme un mes. Me quedé dos meses y medio. Siempre encontraba alguna excusa para quedarme, siempre algo adentro me decía que todavía no tenía que irme.

Desde sus hermosas callecitas de adoquines enormes, con jazz de fondo y mujeres con vestidos largos, hasta el brasileño que nació ahí, que te cuenta la historia de la esclavitud a través de su mirada. Los silencios eternos con tanta intensidad que te terminan gritando de fondo, y los hermosos y divertidos festivales tan característicos de la ciudad. Como aquel helicóptero que va arribando a las islas cercanas o aquel artesano que intenta no ser expulsado del centro histórico con sus trabajos.

La ciudad en sí no es recomendable por su playa, pero el centro histórico te habla al oído y te eriza la piel.

Al ser un lugar tan chico te permite observar las dos caras de la moneda en muy poco tiempo. Vas hacer amigos al segundo día, y todos van a saber que estás ahí. Es una ciudad tan chica que los rostros te van a ser familiares a los pocos días, y las calles las protagonistas de todo lo que ocurra en esta ciudad.

Caminar su centro histórico, hacer un paseo de escuna y la Praia do Sono a muy poco tiempo de la ciudad, mi mejor recomendación. Y con un poco más de tiempo el Saco do Mamanguá, para impresionarte.

Lugares mágicos, si que los hay.

3. Salvador 


Viajando sola en Salvador

El comentario al llegar a Brasil era “no podes irte sin conocer la Bahia”. Y allá fui, a su capital, lugar que siempre había escuchado, reconocido mundialmente por sus pulseritas coloridas de Nossa Senhora de Bonfim y el famoso barrio de Pelourinho. Siempre había querido ir y ahora estaba ahí.

Dicen que es una de las ciudades más inseguras, pero fue en el lugar que más segura me sentí en todo momento. Fue muy fácil ubicarme en la ciudad, manejar las líneas de colectivos e identificar los distintos barrios.

Es la ciudad del Carnaval, el famoso faro, las bahianas con sus característicos y enormes vestidos cocinando por las calles.

Salvador suele ser punto de partida hacía otros lugares turísticos de la Bahía, por ende te cruzas con distintos tipos de viajeros a lo largo de la estadía. Me sentía en casa.

Punto a destacar con el cual quedé sorprendida: el agua es increíblemente transparente, una ciudad que alberga millones de personas presenta playas donde se puede hacer snorkel a la perfección y tal vez a un paso de tu alojamiento ¡No olvides tu mascara!

4. Morro de São Paulo


Viajando sola en Morro de São Paulo

Es un lugar pequeño, pero donde siempre hay mucha gente. Es una isla, otra cosa totalmente diferente a los lugares anteriormente nombrados. Dicen que es hiper seguro. Uno puede andar a cualquier hora, por cualquier lugar que vas a estar seguro, nunca ocurren robos y todos se conocen.

Otro lugar de encanto, con los atardeceres más lindos que puedas imaginar, donde no transitan autos por las calles, y la naturaleza se entremezcla en la cotidianidad de cada uno. Actualmente cuentan con una tasa de ingreso de alrededor de R$ 15 destinado al cuidado del medio ambiente.

Es donde más compatriotas encontré, y donde la alegría y diversión está presente todo el tiempo.

Podes recorrer todo el pueblo en poco tiempo a pie, y algunas personas hasta recorren toda la isla en muy pocos días.

Morro da saudade dicen, donde uno ansia por volver, como se vuelve a los lugares donde se amó la vida.

Si vos pensás en quedarse más tiempo en alguna ciudad, en ese vídeo Lina dio algunos consejos de cuáles ciudades en América del Sur quedarse:

Estos son solo algunos de los lugares a los que estaba viajando sola, donde fui creadora de mi propia experiencia, con precaución y siguiendo lo que mi cuerpo y alma hablaban.

¡Buen camino!


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Antonella

Argentina actualmente en Buenos Aires. Licenciada en Turismo, hija, hermana, madrina y amiga. ...

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Oct 01, 2018


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