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Viajar sola es mucho más que ampliar tu visión del mundo

Con el permiso de las lectoras (y de los lectores eventuales), escribiré este texto en primera persona.


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Nathalia

Sou jornalista de formação e conto com passagens por diversos veículos de imprensa. No entanto, f...

Feb 22, 2018

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Pido permiso porque el tema está profundamente conectado conmigo y estoy segura de que también contigo.

Además, considero que la mejor forma de estructurarlo, para que no se limite a comentarios sobre el empoderamiento femenino y quejas de “más de lo mismo”, es contar mi experiencia personal.

Estudiante de derecho (y también de Química Industrial), hija, amiga, novia: así es como solía definirme a rasgos generales ante las preguntas de las personas. Aunque también tenía la sensación de que era lo único que querían saber sobre mí.

Al depender de otras personas, la información adquiría una importancia de grandes proporciones: es el llamado estatus que nos persigue a diario. Y así era como me definía hasta que fui conquistando mi individualidad interna, hace cuatro años, cuando comencé a viajar sola.

El cambio en mi percepción personal no ha sido por haberme despreocupado sino por el hecho de haber entendido que Ana Manuela (¡yo misma, encantada!) se sobrepone a todo.

Lo explico: nuestra realidad muchas veces es como un mundo hermético de variables conocidas. Sabemos el “qué”, el “cómo” y el “cuándo” de muchas situaciones de nuestro día a día y esto nos coloca dentro de una caja que nos limita, haciéndonos creer que el mundo se reduce a nuestra realidad.

Y de repente, te lanzas a un mundo en el que no estás segura de las variables. Y lo más interesante: las personas de ese mundo se limitan a preguntarte tu nombre y delimitan tus intereses y tu vida a lo que tú les quieras contar. Este es el mundo del viajero “by yourself”. La perspectiva sobre sí mismo se amplía a través de momentos de introspección y al entrar en contacto con lo “nuevo, que agudiza tu creatividad y te fuerza -casi siempre - a tener “margen de error”.

Todo esto, además de proporcionarte buenas historias para contar, desarrolla tu confianza. Por ejemplo, yo he estado hasta en una bañera, vestida con una especie de túnica blanca con un pastor coreano que me estaba bautizando en una iglesia evangélica de Australia.

Es muy difícil que esta u otras pintorescas historias me hubieran ocurrido de haber estado con una amiga o amigo. Esto se debe a que no todos están dispuestos a querer desviarse del itinerario predefinido para escuchar a dos coreanas en un semáforo que querían hablar del motivo por el cual su “Father” (que en verdad era el “Padre Celestial”), les había pedido que hablaran conmigo.

Después de este episodio, descubrí que la cantidad de evangélicos en Corea del Sur había crecido excesivamente y muchos de ellos se iban a hacer misiones evangelizadoras. Nunca me imaginé a un “asiático” evangelizando. Por cierto, pido disculpas por el término prejuicioso, porque sé que hay una miscelánea de costumbres y culturas diferentes en cada uno de los países que conforman el continente asiático y que la percepción homogénea de estas culturas puede ofender gravemente a estas personas.

Por ejemplo: jamás confundas a un paquistaní con un indio y viceversa.

Y al revisar mentalmente las situaciones por las que he pasado en mis viajes, puedo decir que en los viajes que hice sola absorbí más la cultura local. Por decisiones como la de escoger el recorrido - o incluso por superviviencia - nos mantenemos más atentas a la realidad local.

Al viajar sola fui absorbiendo las otras culturas desde otra perspectiva, aprendiendo a apreciar la belleza de lo diferente y a respetar las opiniones (a pesar de que entraran en conflicto con las mías).

Después de un tiempo dedicándome totalmente a mí, mi confianza sobre lo que soy y lo que deseo se fue fortaleciendo y a través de los momentos de introspección logré sentir la verdadera paz interior.

Comencé a desprenderme de algunas preocupaciones y a ser consciente de que es un verdadero entrenamiento para la condición humana, a “tener margen de error” y a entender que los imprevistos son una constante en el itinerario de la vida.

Mientras tanto, saber cómo reaccionar ante estas situaciones es lo que marca la diferencia y hace que nos afecten menos. Al final, el autoconocimiento también forma parte del viaje y la libertad siempre será su mejor compañera.

Y nunca lo olvides: libertad es un sustantivo femenino.

Por Ana Manuela Borges, colaboradora de M pelo Mundo.


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Nathalia

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Feb 22, 2018


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