Mi experiencia haciendo un voluntariado en Lisboa, Portugal

Aquí te cuento mi experiencia haciendo un voluntariado en Lisboa. Las tareas que realizaba y todo lo que aprendí.


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Florencia

Ene 25, 2019

Argentina | 28 | escritora- viajera- docente | libros-bares-fotografía.

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Elegí Portugal por mi fascinación por el ritmo del idioma, tan bello y tan cadente. Por otra parte, sentí que sería el país correcto para visitar, una suerte de corazonada me llamaba a través del Atlántico. Fue mi primer viaje a Europa, y ¡espero no sea el último! La idea era también visitar a mi tío, quien vive en España. Y lo logré también.

Envié mi solicitud a Locals Hostel, situado en el corazón de Lisboa y hospedado por el excéntrico Luigi, un nativo fanático del equipo de fútbol Benfica. Recuerdo que vi su foto y apliqué por que sentí que sería un lugar con vida jovial y buena onda. Respondió luego de breves días y me aceptó sin dar vueltas. Me sentí afortunada.

Viajé en Enero y es un momento frío que debe ser sobrellevado con guantes, gorro y un súper pullover. La razón principal de mi viaje fue por exploración del lenguaje y la cultura, aunque siempre que viajo hay acaso algo tácito, como presente siempre, que es el hecho de recolectar anécdotas y recuerdos que me sirvan para escribir. 

Soy escritora y fotógrafa amateur, y fue precisamente en Lisboa donde compré mi primer máquina instantánea. He sacado bellas fotos con ella durante el viaje.

Como dije, luego de visitar a mi tío en Madrid, llegué una tarde de Enero a Lisboa y me recibieron varias personas que ya estaban esperándome. Me indicaron donde dejar mis cosas, mi cama, y me permitieron distenderme para relajar mis nervios post-avión.

¿Cuáles eran mis actividades durante el voluntariado?

 Al conocer a Luigi, el anfitrión, esa primera noche nos cocinó un enorme plato de pescado con verduras y bebimos algo de cerveza y vino. Fue una grata bienvenida. Coordiné para trabajar tres veces por semana, alrededor de seis horas en una rotación más que flexible en cuanto a los turnos. Siempre se hacía de a pares, nunca sola. 

El primero fue por la mañana dos días luego de mi llegada al hostel, comenzando alrededor de las 10 AM, en compañía de una adorable mexicana. Ella fue quien me enseñó, junto a la gran mayoría del staff, cómo hacer mis tareas de manera efectiva y rápida, en especial aquellas que tenían que ver con la limpieza, el cuidado de la ropa brindada por el anfitrión, y el sistema de ingreso y egreso de viajeros en el sistema de reservas. 

Mi segundo turno, por ejemplo, fue de noche, mientras charlaba sobre música y la escuchaba, junto a un compañero brasilero. De cada colega aprendí algo distinto, y pude charlar sobre mis gustos y pasiones también.


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¿Cómo fue mi experiencia haciendo un voluntariado en Lisboa?

Desde la primera noche tuve buena relación con la gente del lugar, que eran, en su mayoría, viajeros en tránsito. Éramos un grupo de siete u ocho personas, y yo compartía habitación con dos chilenas y un eslovaco.

 Era esa la habitación del equipo, separada del resto de las camas para los clientes por una cortina. Me sentí un poco incómoda y con falta de espacio en ese lugar, y también debo decir que la limpieza no era de lo más destacable.

A propósito, había un nativo amigo del anfitrión que se dedicaba a la limpieza de baños, cocina, y también de los quehaceres diarios y necesarios. Era un sujeto más que importante en el hostel, y todos le tenían mucho respeto. 

Sin embargo nunca llegué a llevarme bien con él y fue la razón por la que dejé el lugar antes del tiempo pactado con el dueño. Fue una verdadera pena, aunque siento que estuvo más que justificada. Hablaré de esto más adelante. Déjenme contarles más sobre el lugar en sí y la belleza de la ciudad.

¿Cómo es Lisboa?

Si no estaba cocinando para el team, haciendo camas, o simplemente charlando con mis compañeros, salía con algún miembro del grupo a tomar algo o recorrer las empinadas calles de Lisboa

Siempre le preguntaba a Luigi, el dueño, a dónde podía realizar compras o ver libros (soy ávida lectora). Él me enviaba a los lugares turísticos y me decía donde no me convenía estar. El hostal está ubicado en una calle por la cual transita el tranvía, y es un espectáculo muy pintoresco. 

Las calles están empedradas, e invitan a largas aunque exhaustivas caminatas. Recomiendo llevar una mochila con mucha agua, un cuaderno de notas, una cámara, y un poco de dinero. Los precios en los restaurantes o bares no son para nada caros. Con ayuda de otros compañeros, o con la amabilidad de Luigi, no gastaba más que 10 euros por día. Incluso, a veces mucho menos que eso.

Junto al eslovaco y otros amigos, íbamos a los miradores, cerca de la costa, donde los barcos y lanchas pasean a la vista de todos. La gente es muy tranquila, y noté con gusto que los portugueses son más que expeditivos y están preparados para ayudarte con lo que necesites. En cuanto al idioma, una de las razones principales de mi viaje, no tuve grandes dificultades para comprenderlo, meramente por dos motivos:

Si se lo pides a los locales, ellos te hablan lenta y pausadamente. “Mais devagar, por favor.” Ellos serán muy comprensivos y te ayudarán.

Con un poco de práctica y estructuras gramaticales básicas, cualquiera puede comunicar unas pocas oraciones en portugués. Si estás pensando estudiarlo, ¡hazlo!


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Decididamente, Luigi mi jefe, tuvo mucho que ver en cuanto al lenguaje. Él mismo puede hablar varios, y si yo no me comunicaba en inglés, intentaba en portugués o en español incluso, siempre logrando mi cometido comunicativo. 

Llegan visitantes de todas partes del mundo, y es preciso, al menos, tener un nivel de inglés afianzado para estar tranquilos al momento de hacer reservas de camas, o ejecutar órdenes.

Para divertirnos y en mi tiempo libre, solíamos beber unas cervezas o café y compartir algo en la vereda, mientras acompañábamos a quien estaba haciendo el turno de trabajo. Nunca me sentí sola trabajando, siempre había alguien con quien charlar o pedir que me reemplace para ir al baño o comprar algo para “picar” mientras estaba en el mostrador. 

El lugar de trabajo en sí era algo pequeño y desordenado. Dependiendo de la persona que había cumplido el turno anterior, a veces era muy incómodo reorganizar los papeles, la máquina para pasar tarjetas, los paquetes de cartas, las biromes, etc. El orden era necesario pero difícil de lograr en ese mostrador.

Locals Hostel es particularmente activo: hay una buena vibra que ayuda al viajero a soltarse y perder los miedos naturales que éste pueda ocasionar. Tiene picos de horarios en los cuales, como todo lugar, es más ruidoso y dinámico. Eso es bueno si tu intención es socializar, divertirte y aprender el idioma o realizar algún aprendizaje social (estudios, laborales, comunicativos, etc). 

Por las noches, en general, se podía descansar sin problemas, ya que no transcurrían muchos automóviles- recordemos que éste hostal está literalmente pegado a la calle del tranvía y muy cerca de La Praça de Luís de Camões, muy turístico. No tuve oportunidad de subirme a dichos tranvías: de hecho, nunca usé un transporte. Me manejé por la ciudad meramente caminando, tanto sola como con mis compañeros.

Por las noches, solíamos cenar juntos en la mesa del living donde había un televisor y mucho espacio para todos. Las habitaciones, ubicadas detrás, no se veían afectadas por el ruido del comedor. A veces salíamos a algún bar, y recuerdo con mucho cariño una ocasión en la que Luigi nos invitó a jugar al pool algunas calles más arriba, donde las veredas son estrechas y rústicas, como históricas. 

Fue una gran salida, ya que estábamos todos los del staff. Por supuesto, esto fue luego de haber terminado con el trabajo y todo lo que eso implicaba, como el cierre de caja, guardar las llaves, cerrar las ventanas, apagar las luces y otros simples quehaceres.


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Gracias a mi voluntariado en Lisboa me enamoré de la ciudad

Descubrí así que Lisboa es una ciudad para estar con amigos, que su vibra cultural se aprecia más estando acompañada. Eso no significa que no sea digna de ser disfrutada en soledad: por mi parte, me dediqué a acercarme al centro una mañana y recorrer las bellas plazas, visitando el Palacio de Eduardo VII. 

Además, hay cientos de buses que pueden llevar al viajero de una punta de la ciudad a la otra, aunque, repito, yo elegí hacerlo a pie. En las calles pueden verse vendedores y artistas a la gorra que cantan bellas canciones. Los cafés son accesibles y la comida más que rica: pasteles y croissants, tortas y jugos. 

También hay gran variedad de pescados, pastas y comida chatarra. Era todo accesible: la clave estaba en darme un gusto cada día, y luego aguantarme las ganas para no desperdiciar el dinero. Por ejemplo, si por la mañana almorzaba con la comida provista y cocinada por Luigi, por la tarde, si no trabajaba, me compraba un libro y me tomaba una cerveza en el Mirador. La idea era un gasto balanceado y coherente. 

Con organización puede lograrse sin problemas.

¿Y por qué me fui del hostal antes de lo previsto?

El jefe: Luigi es un hombre flexible y comprensivo, jovial y divertido. No escatima con lo que ofrece y es muy agradable estar rodeado por su presencia. No es una persona que dé órdenes de mala manera ni sea agresivo o desagradable.

Dicho esto, les contaré porqué me fui del lugar, con mucho pesar, antes del tiempo prometido a Luigi (el cual era un mes, aproximadamente). Yo estaba tomando una ducha en la parte más alta del edificio, donde los baños son de acceso a todos- los del staff no tienen específicamente un baño o ducha exclusiva- y cabe también resaltar que el estado de los mismos era algo viejo y desaliñado.

 Pues bien, mientras me tomaba una ducha, escuché que el hombre que limpiaba me gritó en un portugués muy rápido y avanzado. El ruido del agua me lo prohibió, y continué duchándome. Recuerdo que muy enojado, éste hombre abrió una de las puertas de mi baño y me gritó que cierre la llave del agua porque, al parecer, estaban perdiéndose líquidos por debajo de una rejilla. Yo estaba llena de shampú entonces, y le dije que me dé un segundo. Pero lo que más me angustió fue el hecho que el hombre haya abierto la pre-puerta a mi ducha (era de vidrio, pudo haberme visto desnuda) de un modo tan brusco y hostil.

Lamentablemente, cruzamos algunas palabras para nada amistosas. Al salir, me vestí y me resguardé en mi habitación, la misma que siempre tuve. Y luego de haberle dicho a Luigi sobre el problema, concluí por decisión propia que debería irme esa misma noche, rompiendo así con lo pactado.

Si bien este hombre habló con Luigi, y ambos se disculparon – yo también lo hice – me mantuve firme en mi postura y luego de empacar, me marché con pesar. Sentí que tal acción de abrir la puerta mientras me duchaba jamás podría ser justificada ni perdonada. Simplemente, no podía negociarlo.

Luego de tal hecho, marché a Inglaterra y mi viaje de un mes fue totalmente distinto. No me arrepiento, aunque siempre me pregunto cómo pudo haber sido Lisboa si me hubiese quedado y conocido tal bella e histórica ciudad. Definitivamente, volveré a Portugal, y espero sea como un Worldpackers.


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¿Qué aprendí gracias a mi voluntariado en Portugal?

Para concluir con este relato, les diré que aprendí. En primer lugar, a socializar masivamente con varias personas, y convivir con gente de otros países. Hice esto, por ejemplo, en una reducida habitación donde había variados colores, olores y culturas.

 Se requiere paciencia y dejar de lado el egoísmo. En segundo lugar, aprendí a controlar mi gasto monetario, en especial luego del incidente con el hombre de limpieza. Si eso no hubiese ocurrido, mi necesidad por cuidar cada euro hubiese estado menos acotada, ya que en Locals Hostel yo tenía alimento y acomodamiento asegurados. En tercer lugar, aprendí el idioma un poquito más y que los portugueses son cálidas personas que gustan de su país y de su cultura, orgullosos también. 

Comprendí que el mundo es un lugar gigantesco, con tanta gente cuyas intenciones varían todo el tiempo, fluyendo y conflictuándose con las de uno mismo, creando y generando flashes culturales. A veces se construyen puentes que provocan lindas amistades, donde los viajeros se ayudan y se entienden. 

Y otras, las barreras culturales (lingüísticas, ideológicas, religiosas, económicas) son tan gruesas de penetrar que hacen que uno busque más recursos para apalearlas. Lo complejo de viajar está en superarse y demostrar virtudes, mostrando firmeza de convicción, aunque estando abiertos a lo nuevo.

La clave de todo viajero está en comprender el propósito real del viaje, y pensar cada día, no importa dónde se esté, ¿para qué estoy haciendo esto? ¿Qué quiero lograr aquí? ¿Cómo voy a lograrlo? Si logramos respondernos esas preguntas con satisfacción, entonces viajar será un verdadero placer. 

Recuerda que a través de Worldpackers puedes encontrar oportunidades de voluntariado en Lisboa y en todo el mundo. 


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Florencia

Ene 25, 2019

Argentina | 28 | escritora- viajera- docente | libros-bares-fotografía.


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