Finca Santahelena
Santa Helena es una finca familiar de 10 hectáreas ubicada en la Sabana de Bogotá, en Cajicá. Un territorio amplio de campo abierto dentro de una zona diversa y dinámica, donde conviven tradición rural, memoria industrial y desarrollo contemporáneo.
La finca tiene más de 100 años de historia y es un ejemplo vivo de la vida rural tradicional de la sabana. La casa centenaria está rodeada de árboles gigantes, con vista abierta a la montaña y bordeando el río Bogotá, que en este tramo fluye limpio.
El lugar cuenta con una ubicación estratégica: a 5 minutos del Centro Comercial Fontanar, a 10 minutos de la Catedral de Sal de Zipaquirá y a 50 minutos de Bogotá con muy buen transporte. Esta combinación crea un entorno único: aislamiento e inspiración en medio del campo, con acceso cercano a la ciudad.
Santa Helena se encuentra en un proceso activo de transformación hacia residencia artística y laboratorio cultural.
La antigua fábrica de mermeladas de la finca funciona hoy como estudio artístico. En la casa conviven instrumentos como piano, guitarras, acordeón, tiple y requinto, y la música forma parte natural de la vida cotidiana.
Además, el territorio alberga un temazcal activo. Soy temazcalera desde hace más de 20 años, y periódicamente se realizan encuentros que incluyen ceremonias, música, cocina colectiva, cerámica, danza y diálogo con sabedores indígenas de distintas regiones de Colombia.
El voluntario que llega a Santa Helena participa en un ecosistema cultural en construcción: un espacio donde arte, territorio, memoria, música y vida comunitaria se entrelazan.
Santa Helena es un proyecto que lidero principalmente yo, como artista audiovisual y gestora cultural. Habito la finca como espacio de vida, creación y transformación cultural.
Mi hija me acompaña los fines de semana y participa de la dinámica cotidiana y creativa de la casa, que tiene un espíritu familiar y cercano.
En el día a día contamos con una empleada de servicio doméstico que cuida la limpieza de los espacios comunes y prepara el almuerzo, lo que permite que la vida en la casa tenga una base organizada y acogedora.
También recibimos apoyos puntuales: ayudantes de jardinería que trabajan el mantenimiento del terreno, y aliados de una academia de equitación que vienen una vez por semana a montar y cuidar los caballos.
Los fines de semana el espacio se activa con la llegada de personas que participan en el temazcal y en encuentros culturales asociados a este proceso.
Los voluntarios serán tratados como huéspedes de la casa y como parte del equipo creativo, bajo una ley de reciprocidad.
Santa Helena es una casa habitada, viva, donde buscamos que quienes lleguen se sientan acogidos, respetados y en confianza. Nos interesa que puedan desarrollar sus capacidades creativas, compartir su experiencia y nutrir con su presencia el proceso cultural que aquí se está gestando.