Ruka Ñuke Curacaví
💧 Agua
Imagina despertar con el murmullo del agua de nuestra piscina natural y el sonido del riego de la mañana.
Ruka Ñuke —que en mapudungun significa “Casa de Mamá”— es una eco-parcela familiar en Curacaví, donde buscamos vivir en armonía con la naturaleza. Aquí compartimos aprendizajes sobre agroecología, cuidado de animales, compostaje y recuperación del bosque nativo del secano costero.
Estamos rodeados de montañas hermosas que puedes recorrer caminando o a caballo, y la naturaleza forma parte de la vida cotidiana.
🌱 Tierra
La vida aquí gira en torno a la tierra.
Cultivamos huertas, cuidamos animales, compostamos y trabajamos en la regeneración del paisaje. La alimentación es principalmente ovolactovegetariana, con verduras del huerto y productos locales.
Compartimos las tareas del día: trabajar en la huerta, cuidar los animales, cocinar juntos y mantener los espacios comunes.
Utilizamos baño seco ecológico, como parte de nuestro compromiso con el cuidado del agua.
Los voluntarios se alojan en una cabaña simple para voluntarios, con literas y camas individuales, rodeada de árboles y naturaleza.
🔥 Fuego
Ruka Ñuke no es un hotel ni un destino turístico.
Es una experiencia real de vida rural, donde el aprendizaje ocurre trabajando juntos, compartiendo comidas y construyendo comunidad.
Aquí valoramos el respeto profundo entre las personas. Buscamos crear un espacio seguro, donde todas las voces importan y donde el respeto hacia mujeres, niños y diversidades es parte de la convivencia diaria.
💨 Aire
La vida comunitaria es una parte importante de la experiencia.
La mayoría de las noches cocinamos y cenamos juntos, compartiendo historias, aprendizajes y culturas diferentes.
Pequeños gestos —como cocinar juntos, cuidar el agua o cosechar verduras del huerto— son parte de la magia cotidiana de la “Casa de Mamá”.
Si te gusta la naturaleza, la vida simple y el aprendizaje práctico, probablemente te sentirás muy bien aquí.
Acerca de nosotros
Ruka Ñuke es el hogar de Paula y sus dos hijos, y desde hace más de diez años recibimos voluntarios de diferentes partes del mundo.
Paula trabaja como Encargada de Medio Ambiente en la Municipalidad de Curacaví, por lo que además de cuidar la parcela también trabaja en proyectos ambientales para la comunidad.
Aquí los voluntarios se integran a la vida cotidiana de una familia rural chilena: compartir comidas, aprender haciendo y cuidar juntos el espacio que habitamos.
Ruka Ñuke es el hogar de Paula y sus dos hijos. Somos una familia que vive en esta parcela en Curacaví, aprendiendo y trabajando día a día para cuidar la tierra y desarrollar un proyecto de vida más conectado con la naturaleza.
Paula trabaja como Encargada de Medio Ambiente en la Municipalidad de Curacaví, y además coordina las actividades de la parcela junto a los voluntarios.
No somos una empresa ni un hostal: aquí los voluntarios se integran a la vida cotidiana de la casa, compartiendo tareas simples como trabajar en la huerta, cuidar de los animales, cocinar o mantener los espacios comunes.
Intentamos crear un ambiente respetuoso, tranquilo y colaborativo, donde todos puedan sentirse seguros y valorados. Creemos en la comunicación abierta, el respeto mutuo y el aprendizaje compartido.
Muchos voluntarios terminan sintiéndose parte de la familia durante su estadía, porque compartimos no solo el trabajo, sino también las comidas, las conversaciones y la vida diaria.
Cada jornada comienza temprano: cocinamos juntos los frutos de nuestro huerto, aprendemos a reciclar y a cuidar el agua, la energía y los espacios comunes. Tu apoyo en estas tareas es fundamental para que este proyecto siga creciendo y mantenga su espíritu vivo.
Te guiaremos con cariño en el uso de nuestro baño seco de bajo impacto —un inodoro ecológico que transforma los residuos en compost— y, mientras construimos colectivamente la nueva casa para voluntarios, soñamos juntos con el hostal y restaurante ecológico que sostendrán Ruka Ñuke de forma sustentable. Cada gesto de cuidado de la parcela y del orden en los espacios comunes refuerza nuestro compromiso con la tierra.
Llevamos once años recibiendo voluntarios como parte de nuestra familia eco-comunitaria. Aquí encuentras un espacio seguro donde la equidad y el respeto mutuo son prácticas diarias: todas las voces importan y cuidamos especialmente que mujeres, niñas, niños y disidencias se sientan protegidas y valoradas. ¡Ven con tu energía y disposición, y hagamos florecer esta aventura compartida!