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Trabajar en hostels: mi mejor experiencia

Hay un punto mientras que estás viajando en el que te acostumbras a irte. Te acostumbras a las despedidas y a los ojos vidriosos. Aceptas el desapego y la "última cerveza juntos". Ya sabes de la A a la Z todos los discursos de agradecimiento y las risas nerviosas antes de hacer un giro de 180 ° y nunca más volver.


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Abril

Hi! I'm 22 and I discovered Worldpackers when I was 18, haven't stopped using it since then. I...

Ago 10, 2018

Amigos en Lazu House Shenanigans

Y es porque sé todo lo anterior por mente y alma que pensé que estaba lista, que no iba a tener ningún problema importante al dejar atrás a Tailandia y seguir adelante con mi próximo voluntariado. 

Pero estaba equivocada. Todo resultó ser un gran, gran inconveniente y no me había dado cuenta hasta que di el primer abrazo de despedida.


Lazy House Shenanigans

La cuestión es que soy muy consciente y cómoda con el hecho de que no sé qué puede pasar hasta que pasa.

Esto pasó en el hostel Lazy House Shenanigans, en Koh Phangan, o también conocida como la “full moon beach”. Llegué allá para hacer un intercambio como bartender que conseguí gracias a Worldpackers y por mucho, fue la mejor experiencia que tuve, tanto que me dolió muchísimo irme.

Me dolió como cuando era una nena y me arranqué un diente de leche porque no podía esperar para que el hada de los dientes viniera.


Lazy House Shenanigans

Dejar a Koh Phangan se sintió antinatural. Como si definitivamente hubiera algo incorrecto, algo inconcluso, aunque ya hubiera hecho todo lo que tenía para hacer en la Isla. Dijeron que me picó “el bicho”, y aunque ni yo sepa cuando voy a volver, ellos saben que voy a hacerlo.

No es como si me sintiera como en casa (tal vez porque todavía no he encontrado una) pero se sentía diferente a cualquier lugar en el que haya estado alguna vez. Como sostener una caja mágica que solo da anécdotas fantásticas salpicadas con contextos ilegales. Es como un cupón para risas ilimitadas disponible las veinticuatro horas, todos los días de la semana. Es como un cartel de "no quiero irme nunca" en cada puerta.


Lazy House Shenanigans

Puedo echarle la culpa a ser latinoamericana, apasionada por demás. Pero es mucho más justo si culpo a la belleza de los lugares, puestas de sol y personas que me crucé en mi estadía.

No es que esté incompleta, pero me falta algo que no puedo dejar ir. ¿Sabes a lo que me refiero?

Permítanme decirlo de esta manera: es tener la posibilidad de ser yo en todos los estados sin que me pregunten qué me pasa hoy.


Lazy House Shenanigans

Así que supongo que sí. Sé lo que sucederá después. Ellos están en lo correcto. Tengo “el bicho”.

Cuando un sentimiento como este te golpea, no tenés más remedio que olvidar todo lo que sabes sobre dejar los lugares y comenzar a aprender sobre cómo regresar. Incluso para una persona como yo, que planificar significa un sacrificio por la salud mental.

Después de todo, nadie dijo que ser un Shenanigan era una tarea fácil. Es por esta experiencia que no puedo dejar de recomendar hacer voluntariados en hostels de fiestas. Los lazos que se forman, las anécdotas, los personajes completamente locos, las caras de resaca que se comparten son tan autenticas que no se pueden comparar con ningún otro voluntariado en materia diversión.



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