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La satisfacción de hacer trabajo voluntario

La primera vez que decidí dejar mi vida fue con la excusa de perfeccionar la lengua francesa después de haberla estudiado por dos años. El tiempo que tarde en organizar mi año sabático fue más largo de lo que esperaba, ya que sólo tenía claro dos cosas en la cabeza: quiero ir a Francia y quiero vivir en las montañas.


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Carolina

I love to change and alter my life, travel and cross people on the road. I am gathering experienc...

Jul 30, 2018

amigos hechos durante el voluntariado

Pedí ayuda a una asociacion mexicana que trabaja con proyectos de voluntarios internacionales. Encontrar el proyecto con las características que quería les tomó tiempo pero cuando finalmente lo encontraron los trámites fueron sencillos.

Como el proyecto sólo era por 9 meses, pedí estar en otro proyecto en un país francófono, está vez me ofrecieron un proyecto por 3 meses cerca de la ciudad de Bruselas, en Bélgica, y por supuesto acepté. Con este plan para estar por un año en Europa, tenía todo lo que necesitaba resuelto.

Al llegar al primer proyecto en los Alpes franceses, mi cabeza no alcanzaba para poder aterrizar todo lo que pasaba en este lugar. La asociación francesa aparte de trabajar con voluntarios internacionales, trabaja principalmente con adolescentes refugiados de Oriente Medio así como con adultos y jóvenes que tiene problemas sociales como alcoholismo y drogadicción. Están en inserción mediante un programa en el que el gobierno trata de reincorporarlos a la vida cotidiana dándoles un trabajo.

El día a día en este lugar dependía de los proyectos de voluntarios internacionales que duraban 3 semanas, había actividades como cocinar y limpiar que se hacían todos los días, pero si no, cada día las actividades podían variar un poco. Fueron 7 meses en los que tuve una inmersión en el idioma, gracias a eso pude conocer más a la gente que estaba en inserción y sus historias, aunado a que conocí mucha gente de países diferentes y aprendí cosas nuevas sobre la vida, la cultura francesa y sobre mi misma.

Los proyectos en los que trabajábamos con los voluntarios internacionales fueron desde hacer paneles solares, reparar las gradas de un escenario, hacer una yurta, ayudar con la decoración de festivales de música y durante los festivales de música, en fin, tantas cosas con muy buena organización y trabajo de mucha gente.



Cuando esté proyecto llego a su fin, fue muy difícil partir y dejar a los nuevos amigos que se habían convertido en mi familia, pero había otro lugar que ya me estaba esperando.

La asociación en Bélgica es una residencia para adultos con discapacidad intelectual ligera, a los cuales se les trata de integrar a las actividades cotidianas dándoles un trabajo en un lugar adaptado para esta gente, viven en comunidad en esta residencia y se comparten algunas de las tareas domésticas. Los residentes tienen cierta independencia y sus familias y los responsables de la asociación siempre están al pendiente de sus actividades y su salud.

Llegué a esta asociación con mucha energía y me encantaba participar en todo lo que se pudiera, mi trabajo era cocinar la cena, ayudar con los tratamientos médicos de algunos residentes, acompañarlos a sus citas médicas, ayudar en el desayuno, pasar con ellos algunos fines de semana.

Poco a poco me involucré más y empecé a conocer de forma individual a los residentes, ellos me tenían mucha confianza y se sentían muy a gusto conmigo. 

Por otro lado también ayudé a escribir la gaceta mensual de sus actividades, les daba 40 minutos de yoga algunos días antes de la cena, y también empecé a ir con una residente a sus clases de tejido, por su parte la asociación me contactó con una escuela por la mañana para seguir estudiando francés.

No podía pedir más en la vida, obviamente extendí mi voluntariado unos meses más y al finalizar estos meses extra yo sabía que ya era momento de regresar a mi país llena de esa energía tan linda que estas dos experiencias me dejaron.

Viajar como voluntario no es sólo una forma barata de ir a otro país, es un trabajo que implica entender el entorno en el que vamos a estar y las necesidades del lugar. Para tener una experiencia única hay que buscar proyectos en los que nos podamos comprometer y que el trabajo sea agradable para uno mismo. 

Si tú lo estás disfrutando, todas las personas alrededor de ti lo pueden sentir y se crea una mejor atmósfera en el día a día, la convivencia se vuelve más fácil y sobre todo, la gente local o los anfitriones se abren más y comparten más su cultura. 

No hay proyectos malos, simplemente hay que encontrar el apropiado para nosotros y hay que abrir la mente a nuevas posibilidades. 


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Carolina

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Jul 30, 2018


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